miércoles, 30 de noviembre de 2011

9. El placer de los Sentidos

Como sabréis los sentidos es uno de los temas más importantes dentro del arte. Por ejemplo hasta no hace demasiado hubo en Madrid una exposición sobre “el Joven Ribera”, donde aparecerían algunas de sus representaciones de los sentidos. Es un tema que obsesionaba en el siglo XVII, y que aunque pretendamos aparentar que no es así, aún nos sigue obsesionando y sobre todo relacionándolo con el tema del sexo.

Para empezar en el tema de la vista, nos hemos vuelto especímenes que se mueven por el deseo de lo que vemos (de ahí la enorme industria del porno que encontramos, sólo hace falta teclear “pene”, “polla”, “coño” o “sexo” en internet y tenemos mil millones de posibles entradas relacionadas). El tacto por supuesto es importante, todo el tema del distintas texturas relacionadas con el sexo: desde la propia piel, pasando por la seda, los bordados, el latex, cuero...  o hasta los condones tienen distintas texturas para dar distintas sensaciones. El oído, porque ¿a quién no le gusta escuchar un susurro, un gemido o una palabra cómplice? tenemos, además una magnífica colección de canciones provocativas (¿quién no conoce Fever, o Straight to Number one?) ... el gusto, es uno de los más difíciles de relacionar con el sexo, pero por supuesto el sabor de los labios de un amante/amado es lo mejor que puede existir en el mundo, no hay sabor que se le pueda comparar.

                                           

Pero el olfato... ¡ay! El olfato es uno de los más especiales, y la historia de hoy habla sobre ello. No es una historia sobre el morbo de los olores corporales (sería demasiado obvio escribir una entrada de alguien a quien le guste oler ropa interior usada o calcetines sucios, conste que no lo descarto en un futuro), esta historia es más fina, más suave (en contraste con las anteriores).

La historia en realidad no me ocurrió dentro de mi “trabajo”, así que en realidad no debería incluirla aquí, pero me parece interesante y lo suficientemente curiosa como para mostrarla.

Conocí al chico en cuestión una tarde en una cafetería, la típica historia, chico-conoce-chico. Me encontraba en un “día libre” tomando una cerveza mientras leía un libro. En ese momento entró un chico en la cafetería, altísimo (cerca del metro noventa), moreno, con barba, bastante impresionante. Y perfectamente vestido, totalmente posh, y totalmente estiloso, se notaba que controlaba de moda y de saber estar.

Me quedé embobado cual quinceañera cuando ve al famosillo de turno con el que ha forrado su carpeta. Desgraciadamente para mi, el chico se dio cuenta de lo evidente y se rió (me puse rojo y escondí la nariz en el libro y esperé a que se fuese o se sentase lejos de mi). Pasados unos minutos me asomé para asegurarme de que estaba “a salvo”, pero no era así, porque él se había sentado en la mesa de al lado de la mía. Un sudor frío me recorrió la espalda, una vergüenza que no sabía cómo esconder. (Aún hoy no entiendo por qué me sentí así, normalmente no soy la persona que se achanta o que se siente así. Suelen decirme que peco de soberbia y orgullo, pero aquí no era capaz de dominarme a mí mismo).

En el momento en el que volví a mirarle, me volvió a ver, sonrió y me saludó presentándose. Se llamaba Alfredo. Yo también me presenté. Y empezamos a hablar, me contó que era un empresario (yo lógicamente mentí y dije que era traductor, y que ahora mismo estaba en paro, normalmente cuando dices que eres prostituto la gente no suele darte una calurosa bienvenida). Estuvimos tomando cervezas y empezamos a hablar para conocernos.

Era un tío realmente interesante, guapo y por lo que dejaba ver a través de su polo verde tenía un buen cuerpo. Me preguntó por qué estaba allí solo, y yo le contesté que hay veces que uno necesita sentirse solo aún estando rodeado de gente, y que además me servía para mi “trabajo” el ver cómo interactuaban unos otros. El me contó que había ido allí a encontrarse con un amigo suyo, pero que justo cuando había llegado a la puerta le había llegado un whatsapp de su amigo que le decía que finalmente no podía ir. (personalmente estoy en contra de esta nueva moda de los mensajes instantáneos y del trato con los otros de forma tan artificial, ¿qué fue de llamar? ¿o de quedar con amigos?. Yo tengo un móvil antiguo, además de por estar en contra de estos nuevos medios de comunicación que los veo totalmente impersonales, porque hay veces que uno tiene que salir “corriendo” de según que situaciones y es mejor no llevar más que lo puesto).

Fue curioso descubrir que teníamos bastantes cosas en común, o que por lo menos sabíamos hablar y entender de qué hablaba el otro. Se nos pasaron las horas volando. Tanto que incluso se nos hizo de noche y tuvimos que despedirnos. Intercambiamos los teléfonos para poder quedar otro día. Cuando volví a mi apartamento y me duché recibí un sms suyo diciéndome

“ace mss q no scribia 1 sms y ya casi s m a olvidado cómo s acía. Pro m lo e pasado muy bn cntigo, t gustaría qdar mñn?
Vivo muy crca dl cntro, pueds vnir a mi casa si kieres”

Yo le contesté diciéndole que viniese a la mía que yo vivía en el centro y que estaría encantado de enseñarle la casa (como veis es bastante distinto a otras historias, ya que no suelo invitar a mi clientes a casa, además de puta no voy a poner la cama). Recibí otro sms diciéndome solamente “ok”. Y que vendría al día siguiente a las 20.00.

Me pasé nervioso todo el día desde que recibí su mensaje hasta que finalmente llegó. Cuando entró en mi casa y vio mi pequeña biblioteca y mis obras de arte se quedó tremendamente sorprendido de que un traductor en paro pudiese permitirse los lujos que yo me permitía (pude leérselo su cara), pero muy amablemente no dijo nada. Saqué una botella de chardonnay (que según me había dicho el día anterior era algo que le privaba). Y como buen tópico lo acompañé de un poco de queso brie y de unas uvas (muy francés y muy artificioso aunque sencillo a la vez). Y seguimos la conversación donde la habíamos dejado el día anterior.

El tiempo pasaba a una velocidad escalofriante, cuando miramos el reloj por primera vez ya habían pasado más de 3 horas y no nos habíamos dado cuenta. Había algo en él que me atraía, sólo pensaba en besarle, ya no prestaba atención a lo que me decía, contestaba por inercia, dejándome llevar, ¿qué estaba diciendo? ¿qué estaba pasando?... todo era una nube y de repente… sin previo aviso, ni señal de ningún tipo, al menos claramente reconocible… me besó.

Nuestros labios y nuestras lenguas continuaron lo que habían estado haciendo antes, pero esta vez juntas, unidas en un baile que parecía no acabar nunca. Alfredo empezó a besarme por el cuello, me abrazaba y acariciaba, y de subito pasó algo que me dejó totalmente descolocado… empezó a olerme. Aspiraba mi aroma, de forma suave pasaba, por mi cuerpo, lo que estaba a la vista (pues aún estaba vestido), su nariz para olerme. Se dio cuenta de mi sorpresa y me explicó que yo poseía un aroma especial, algo que le atraía y que no podía evitarlo. Yo no comprendía qué estaba pasando pero como creo que hay que hacer en esta vida, me dejé llevar.

Nuestra ropa empezó a volar por la habitación, y nuestros cuerpos se entrelazaban. Como ya había supuesto tenía un buen cuerpo, definido, no excesivamente marcado, y no depilado, pero tampoco exageradamente peludo, era perfecto.

Empezó a recorrer mi cuerpo con su nariz para absorber todos los distintos aromas que este poseía, y a cada nuevo que encontraba le entusiasmaba más que el anterior, se estaba volviendo loco de placer, y yo me moría por él. Y entonces en un hilo de voz, le pedí, aunque casi era más un ruego que me follase. Lo necesitaba, lo quería, lo deseaba. Y así lo hizo, me penetró fuerte y profundo... Me estremecía como lo hice la primera vez con Marcos. No sé qué me pasaba, me atraía él, y su atracción por mí, me resultaba increíble cómo alguien podía “alucinar” tanto con algo tan simple como el olor de alguien.

Todo parecía perfecto.

Y continuó siéndolo.

Alfredo, embriagado por mi perfume y por los olores que desprendía mi cuerpo me cubría de regalos: perfumes, jabones, desodorantes… todo tipo de plantas, y sales para la piel, estaba fascinado conmigo.

La relación con él era muy especial, teníamos sexo, claro, pero no era precisamente como con mis clientes, aunque tengo clientes fijos que sí que me hacen regalos y que están encantados conmigo, con Alfredo era distinto, en ningún momento le cobré, y por supuesto también le regalaba cosas (pocas porque estaba en “paro”, pero regalos caros que hacía aparentar baratos).


Nuestra “relación” continuó un tiempo, no sé exactamente cuánto, porque cuando estábamos juntos yo me quedaba prendado de su imagen y él de mi aroma, y el tiempo siempre parecía menos de lo que realmente era. Todas las semanas procurábamos vernos (era complicado decirle que no podía quedar, dado que se suponía que yo estaba en paro, así que tenía que inventarme excusas para no quedar con él). Hasta que un día, asaltado ya por la culpa y los remordimientos decidí contarle la verdad sobre mí.

Le confesé que era un prostituto, y que tenía relaciones sexuales con otros hombres por dinero. Su primera reacción fue clara, se levantó de la mesa (estábamos en una cafetería, sé cómo tratar estas cosas y es mejor hacerlo en público), y se dispuso a salir por la puerta. Pero justo en el momento en el que tenía que salir o quedarse, se dio la vuelta y vino, se sentó y me preguntó que por qué lo hacía, que por qué no vendía lo que tenía y me mantenía con eso.

Le conté toda la historia completa, que con él no había sido como un simple cliente que había más, que no había quedado con él simplemente por el sexo, que me divertía y me gustaba, que me sentía bien con él… Él me confesó que también se divertía conmigo, que le encantaba estar conmigo, y que nunca antes había sentido esa atracción tan fuerte por una persona y por su olor. Pero también me dijo que la confesión era demasiado fuerte para él, y que necesitaba tiempo. Se fue de la cafetería y me dejó allí.

-

Hace un par de días hablé con él, de nuevo, me ha dicho que le encantaría verme de nuevo, que aún siente mi olor, y que necesita volver a sentirlo cerca. Me dijo que sentía como se había comportado y que esperaba que le perdonase.   

domingo, 27 de noviembre de 2011

8. Heteros Curiosos

En esta nueva publicación me gustaría hablar de un tema bastante típico del panorama homosexual, los “heteros curiosos”. Todos, estoy seguro, hemos conocido a algún hetero que alguna vez ha dicho “a mí no me importaría probarlo” o que se lía con algún tío una noche y dice “no, si a mí me da igual, a mí me gustan las tías” (suelen añadirle el rascarse los huevos para darle más énfasis). Este tipo de elementos sociales, suelen encontrarse dentro de grandes eventos, sobre todo cuando Dionysos está presente (traducción: estos tíos aparecen sobre todo cuando hay fiestas grandes y alcohol a puntapala), momentos en los que parecen olvidar sus posiciones originales en pro de “investigar y/o curiosear” otras posibilidades.

Como prostituto, sexualmente liberado, podréis pensar que me he encontrado en varias situaciones con heterosexuales curiosos, pues muchos de ellos prefieren pagar para probar algo, que de otra forma piensan que es muy complicado de conseguir o les da más vergüenza, ya que a un prostituto le pagas y hace lo que tú quieras, y “seducir” a otro hombre puede acarrear más trabajo y más consecuencias.

Bueno, la historia de hoy empieza con una llamada de una mujer (sí, una mujer), preguntándome si estaría dispuesto a hacer un trabajito, me informé de qué tipo de trabajo precisaba, pues yo había tenido relaciones con mujeres como prostituto, pero no eran precisamente las que más me interesaban. Me comentó que no era para ella, sino para otra persona (un hombre). Después de definir una serie de detalles más, concretamos una cita para el “evento”. Sería en su casa al día siguiente alrededor de las 21.00.

Al día siguiente fui al lugar dónde nos íbamos a juntar y esperé a que fuese la hora. A las 21.00 en punto (soy muy alemán para estas cosas) llamé al timbre. Me abrieron la puerta y subí las escaleras hasta el piso. Una mujer preciosa, morena, alta y de piernas interminables me abrió la puerta. Llevaba un corsé rojo con encaje negro, un liguero (que sujetaba unas medias finas y negras) y un tanguita a juego. Andaba sobre unos tacones de unos 10 cm. La verdad es que resultaba imponente, la melena negra larga le caía larga, suelta y rebelde sobre sus hombros y espalda, enmarcando una cara fina, con unos labios carnosos pintados de rojo, y unos ojos negros, profundos, y era evidente que eran mucho más llamativos por el rímel y por las pestañas rizadas. Era una completa diosa sexual en la tierra, ningún heterosexual podría resistirse a este monumento.

Me llevó a un salón donde me sirvió una copa de vino, tinto. Y tuvimos una pequeña conversación. Se veía que dominaba la situación y que le gustaba. Yo no podía siquiera pretender dominarla, porque había algo que no entendía, -¿Dónde estaba él?- me faltaba el hombre para el que me había contratado. Esto empezaba a ser un poco raro, a mi no me importaba estar allí charlando con esta mujer, parecía interesante (y me gustan mucho las personas interesantes), pero yo había ido allí para trabajar. Fallaba algo y a mí, eso, no me gustaba.

Pese a que soy bastante bueno ocultando lo que realmente siento (es lo que tiene mi trabajo) después de una hora de darle vueltas a la cabeza pues supongo que era evidente. Y la mujer se dio cuenta, me dijo que no me preocupase que en breves momento entendería todo.

Cuando sonaron las 22.30 en las campanadas del reloj que tenían en la pared, la mujer se levantó y me invitó a seguirla. Así lo hice y me llevó al dormitorio principal de la casa una habitación alumbrada con un par de candelabros de plata con velas altas, las cuales formaban un ambiente misterioso e intrigante. Cuando los ojos se me adaptaron a la leve luz reinante. Descubrí que tumbado bocabajo, se encontraba un hombre desnudo, de aproximadamente 1’75 de altura, no muy peludo, con barba de unos 3 días, y bastante guapo.

La mujer me dijo que él era para quien me había contratado, que era su marido, y que quería experimentar lo que era el sexo con un hombre. En palabras textuales me dijo –hazle lo que quieras, es tuyo, pero procura que sea inolvidable-. Añadió que no tenía permitido hablar, así que no esperase si quiera un “me duele” o “para”. Era totalmente libre para hacer lo que quisiese.

Según me dijo esto, se sentó en un butacón a un lado de la cama para mirar.

Empecé por ponerme cómodo, me quité la americana que llevaba, y la corbata, que usé para vendarle los ojos, y me desabroché un par de botones de la camisa. Para empezar puse un almohadón bajo el hombre (a partir de ahora le llamaré HC (las siglas de hetero curioso), porque nunca supe su nombre) para poder tener su culo más accesible. Empecé dándole un suave mordisco en cada nalga y se las separé para ver su ano. Había sido rasurado recientemente, lo cual agradeces normalmente a nadie le gusta comer pelo (no normalmente). Empecé a dar ligeras lamidas y empecé a ver cómo se estremecía de placer, sin hacer ningún sonido (ya que lo tenía prohibido).

HC empezó a relajarse y a dilatarse, y según se relajaba mis lamidas y lametones se hacían más profundas e intensas. Cuando empecé a ver que no podía más, me metí un dedo en la boca y sin que lo esperase se lo metí hasta el fondo. Pego un gemido de placer, y la mujer se levantó, fue a un cajón y sacó una paletita de madera, no más grande que una pala de ping-pong, se acercó al hombre y con todas sus fuerzas le azotó en el culo con ella, lo que provocó otro gruñido de queja por parte de HC, y una nueva respuesta de pala por parte de la mujer. La mujer me miró y dijo –te dije que tenía prohibido hacer sonido alguno, a partir de ahora serás tú quien le castigue. Él me pidió que le permitiese tener esta experiencia y la condición era que no podía hacer o decir nada, así que tiene que respetar el trato- y con las mismas se volvió a sentar.

Después de este breve in pass continué, fui metiéndole poco a poco uno, dos, tres dedos, quería tenerlo perfectamente dilatado. Y aunque no decía nada, se le notaba que le gustaba, podía ver cómo se iba estremeciendo, y yo me iba excitando cada vez más. Me incorporé y le di la vuelta, quería verle la cara cuando me lo estuviese follando. Me abrí la bragueta del pantalón y saqué mi rabo, completamente duro. La mujer me miraba y empezó a acariciar su cuerpo y a tocarse, era evidente que la situación también le excitaba.

Me puse un condón y escupí en mi polla, para que resbalase más. Después acaricié el cuerpo de mi “víctima” y cuando le tenía pendiente de lo que hacían mis manos se la metí, de un solo golpe, lo que provocó un sonoro y profundo gemido, que la mujer me obligó a castigar. Así pues cogí la pala y le azoté en la zona interior del muslo (es bastante más doloroso que en el culo), y provocó lo que yo quería que se estremeciese y se quejase, lo que me dio la oportunidad de volver a hacerlo, pero el segundo paletazo no tuvo ya ese efecto, así que me pude dedicar a follarle.

Tendríais que haberle visto la cara, la boca completamente abierta intentando coger aire, pero a la vez intentando no producir sonido alguno. El muy cabrón estaba disfrutando, y no sólo su cara lo demostraba, tenía el pene completamente erecto, duro como una piedra, y empezaba a gotear liquido preseminal. Pero a mí me parecía muy pronto para acabar, así que se la saqué, me quité el condón y cogí la paleta, le di la vuelta y le introduje el mango, y mientras lo hacía me acerqué a su boca.

Le acaricié suavemente los labios con la punta de mi pene, y abrió la boca completamente. Para estar más cómodos, le puse de lado. Y le volví a pasar la polla con la cara. Volvió a abrir la boca y sacó la lengua. Empezó, así, a darle pequeños lametones a mi capullo, yo poco a poco fui ejerciendo presión para ir metiéndole la polla en la boca, hasta que la tuvo prácticamente dentro, empecé a follarle la garganta, mientras el me acariciaba el culo en busca de mi agujero, hasta que se dio cuenta de que llevaba puesto el pantalón. Tuve que darle un pequeño bofetón para que se diese cuenta que el que mandaba aquí era yo y que se tenía que estar quietecito. Miré a la mujer, que estaba masturbándose mientras veía la escena. Su cara era también el digna imagen del placer, la cabeza hacia atrás, con su melena suena, los ojos cerrados y la boca abierta… mientras se veía como iba metiendo y sacando sus dedos en su vagina.

Se veía que ambos disfrutaban, cada uno con su parte. Agarré el rabo de HC y empecé a acariciarlo suavemente, arriba y abajo, pasando mi dedo pulgar por la punta húmeda. En ese preciso instante su respiración empezó a cambiar, se volvió más entrecortada, mucho más profunda. Cambié entonces de maniobra, le saqué la polla de la boca y me fui entre sus piernas, empecé a masturbarle mucho más rápido e intensamente, mientras jugueteaba con sus pelotas… no duró mucho tiempo, ya que acabó corriéndose con un sonoro orgasmo, cubriendo su pecho de un espeso semen blanco. Le obligué a darse la vuelta, le saqué la paleta y le azoté por el orgasmo. Me puse otro condón y se la volví a meter, y a bombearle, mientras le seguía pajeando, no me costó ni 2 minutos conseguir que se pusiese como una piedra otra vez.

Mientras me encontraba en esta situación, la mujer se acercó a mí, retiró mi mano de la polla de HC y se la metió en las bragas, me dijo que quería que fuese yo quien la hiciese correrse, y con las mismas fue ella quien agarró la polla de su marido, y empezó a masturbarle igual que lo había estado haciendo yo.

En cuanto metí los dedos en aquel coño húmedo, la mujer empezó a gemir como una loca, era obvio que estaba a punto de correrse, así que le hice un dedo lo mejor que pude, acariciándole el clítoris con el dedo pulgar mientras le introducía el índice y el dedo corazón. Sus gemidos se fueron haciendo constantes y al poco dio uno profundo, y noté un líquido caliente que salía de dentro de ella. Cayó al lado del hombre, al cual me seguía follando, y empezó a chupársela. Empecé a notar cómo contraría el culo, estaba a punto de correrse otra vez, así que empecé a aumentar el ritmo, yo también estaba a punto de correrme, pero quería esperar a que lo hiciese él primero. Le agarré del pelo para levantarle la cabeza y le dí un azote con fuerza. En esta posición, no aguató mucho y volvió a correrse, dentro de la boca de la mujer, con otro sonoro gemido. Yo no pude aguantarme más y después de azotarle (como castigo, otra vez), se la saqué y me corrí por toda su espalda.

Después de respirar profundamente y recuperarme, me limpié el pene, y me lo guardé en los pantalones, la mujer también se limpió, y salimos de la habitación, dejando a HC cubierto de corridas a 4 patas sobre la cama (no sin antes coger mi corbata), suspirando e intentando reponerse aún.

La mujer admitió que estaba muy contenta con mi servicio y que no descartaba volver a utilizarlos en algún otro momento, me dio un suave beso en la mejilla y un abultado sobre con mis honorarios.

¿No es curioso como el típico hetero puede volverse el más sumiso de los pasivos llegado el momento?

Un saludo queridos lectores,

A bientôt 

martes, 15 de noviembre de 2011

7. En internet encuentras de todo

Se que hace poco hice una publicación, sobre todo en comparación con el tiempo que estuve sin publicar. Pero ya os dije que he vuelto a la normalidad y que ahora sí que puedo publicar.

En esta publicación me gustaría contaros uno de mis inicios en el “negocio” de recibir dinero a cambio de mi cuerpo. Como ya os conté en una publicación anterior (3. Fantasías y Regalos), ya había recibido dinero (y no poco) por acostarme con un hombre. pero esta situación es y fue distinta. En fin, voy a comenzar mi relato:

Yo era joven y acaba de ocurrirme lo de Pedro, realmente no sabía que hacer y cómo sentirme, realmente me sentía extraño, porque por una parte sentía que no había hecho nada malo, simplemente me había divertido y encima había recibido dinero por ello, pero claro por otra parte, la gente que recibía dinero por “divertirse” eran las putas, y como cualquier persona normal en aquel momento no pensaba lo que pienso ahora de las putas.

En este contexto de “no sé qué o cómo sentirme” dejé de tener relaciones reales con hombres porque me sentía un poco vulnerable. No sé si me entendéis, pero en cierto modo me sentía como usado, y deshonrado en cierto modo (más tarde me di cuenta de que no era gran cosa). Así pues, como buen joven me refugié en internet: chats, correos, mensajes instantáneos, redes sociales, porno... todo lo que el mundo de internet podía ofrecerme para seguir sintiéndome en la onda de las relaciones. Aunque fuese en un sentido falso y no real. En una de mis sesiones de soledad en mi habitación (sí, en uno de mis momentos de pajearme) me encontré con un hombre que me empezó a hablar y a ofrecerme cierto negocio. El negocio consistía en convertirme en modelo para una página de cams en internet. Es decir, pajearme delante de una cam para que me viesen otros hombre y me pagasen por ello.

Lo primero de todo empezó a tentarme la oferta porque:
  1. Nadie tendría por qué enterarse
  2. Iba a conseguir dinero por darme placer a mi (y no a otros)
  3. No tenía que hacer nada realmente sólo estar en mi habitación
  4. Nada me obligaba a trabajar, podía hacerlo cuando yo quiesese, y dejarlo igual. Cobraría solamente por lo trabajado no tenía que cumplir unos mínimos.

Parecería un negocio genial, yo no tenía que ni salir de casa, ni tener un trato real con los clientes, e iba recibir dinero por pajearme (algo que hacía todos los días un par de veces). (como me lo dijo en plena paja, la acabé y después de limpiarme) acepté. Empezaría a “trabajar” al día siguiente.

Al día siguiente después de lo que me había explicado mi contacto ahora mi “jefe” la verdad es que estaba bien tranquilo, abrí mi sesión en la página me puse unos calzoncillos bonitos y me senté en la cama enfocando mi cuerpo y empecé a ver cómo subía las visitas y como me empezaban a hablar. El truco, según me había dicho, era que no hacía falta irme con el primero que quisiese verme desnudo, simplemente tenía que hacerme desear y calentar el ambiente. Y eso hice, estuve calentando el ambiente como 15 minutos hasta que encontré un tio que parecía realmente interesado porque se tiró los 15 minutos detrás de mi.

Empezamos un chat privado y me fue haciendo una serie de preguntas para ir dando confianza. Y después empezó a preguntarme qué es lo que me ponía, que qué estaba dispuesto a hacer... yo como buen modelo, le dije –lo que me pone es hacer realidad tus deseos, sólo pide y será lo que haré- debieron ser las palabras mágicas porque se puso como una moto según notaba en el cambio de la conversación. Empezó a pedirme que desnudarse, lentamente dejándole deleitarse en mi cuerpo y en la sensualidad que este desprendía. Dicho y hecho, empecé a bajarme los calzoncillos de espaldas a la cam, deslizándolos despacio y de la forma más sensual que pude.

Me pidió que me pusiese a 4 patas sobre la cama, mostrando completamente el culo para su deleite, cuando tuvo bastante me pidió que empezase a acariciarme el ano con los dedos mojándolos primero con saliva. Así lo hice y cuando me lo pidió empecé a meterme los dedos (no tengo que decir que me estaba poniendo bastante cachondo y lógicamente abrirme el culo (aunque suene muy bestia) no ayudaba). me preguntó si tenía algún dildo para poder jugar con él. Le dije que no y me pidió que buscase algo para poder meterme. Lo único que se me ocurrió fue algo de fruta (fui a la cocina y cogí una zanahoria y un plátano) volví con ello y a él le encantó mi idea. Me pidió que me metiese la zanahoria directamente y empezase a jugar con ella. Pero que no me tocase la polla. Podía hacer lo que quisiese pero no tocarme el rabo. Empecé a meterme y sacarme la zanahoria mientras la hacía ver que gemía (cosa que hacía en realidad), mientras lo hacía me dijo que abriese el plátano y empezase a chuparlo, lo hice como si fuese una polla y seguí jugando con la zanahoria mientras (estaba en una especie de trío vegetariano, con una zanahoria follándome el culo y un plátano follándome la boca). Me dijo que cambiase las frutas de sitio, tenía que meterme el plátano en el culo y la zanahoria y en la boca. En plátano después de jugar con él en mi boca, comprenderéis que estaba blando, o no tan duro como está nada más pelarlo. Así que metérmelo fue bastante complicado porque según avanzaba se aplastaba y se hacía una especie de puré, me decía que eso le estaba poniendo muy muy caliente. Así que seguí, hasta que pude y después me pidió que siguiese con mis dedos.

Ahora tenía el culo sucio de plátano así que me dijo que jugase con ello, que daba igual, estuve así como 5 minutos hasta que me dijo que me masturbase, y que lo hiciese lo más rápido y fuerte que pudiese que quería que me corriese antes de que lo hiciese él. Me puse a ello, y no tardé mucho en correrme (después de todo lo que llevaba ya estaba bastante caliente y realmente quería correrme), y cuando me corrí lo hice con un sonoro y exagerado orgasmo que según me dijo, hizo que se corriese como nunca.

Cuando miré el tiempo de la sesión, había durado como una hora y media... eso significaba 71’10 €, poco en relación con lo que había conseguido con Pedro, pero... ¡aquí no había salido de mi casa!. La conversación se extendió un poco más, diciéndome que comprendía que había sido un poco asqueroso lo del plátano, que le encantaría lavarme, pero que necesitaba verme jugar con algo más, porque siempre que tenía un amante procuraba que fuesen chichos/hombres a los que les gustase el juego, y que según él tenía un armario lleno de juguetes. La charla se extendió un rato más. Y cuando acabamos y se despidió, miré “la factura” que había llegado hasta 118’5 €... ¿no estaba nada mal para ser mi primera sesión, verdad?.

Antes de irse me pidió otra sesión pronto, porque realmente había disfrutado mucho. Continué mucho más tiempo en la página, ganando pellizquitos de dinero que me iban viniendo bien para los caprichos que cualquier joven tiene... ropa, salir, música, cine, viajes... y me fui dando cuenta que esto era bastante divertido, y que era una forma divertida de ganarme dinero. Las sesiones empezaron a hacerse cada vez más complicadas, ya que tenía dinero podía invertirlo en comprar juguetes y sex stuff para poder mejorarlas y poder llamar la atención de más clientes. Acabé haciendo una “cartera de clientes” de más de 30 hombres que suspiraban por mi.

Algunos de ellos me pidieron, incluso suplicaron, una cita real que me pagaría por supuesto, porque según palabras suyas –no permitirían que me quedase sin dinero por perder el tiempo quedando con ellos-. Finalmente accedí a quedar con algunos y hacer realidad sus fantasías pero delante de ellos.

Poco a poco fui dejando la página (que en realidad aún no he abandonado, y cuando me apetece me meto de vez en cuando a hacer algún pequeño show). Y fui teniendo citas reales a cambio de dinero, que realmente era una forma mucho más rápida de conseguir dinero, y bastante más que lo que ganaba con la página.

Antes de poner fin al relato, me gustaría dejar claro que aunque trabajase en esta página, nunca dejé de lado mi vida social, solamente me metía en la página esta cuando me aburría y quería entretenerme y ganar dinero. No estaba todo el día pegado al ordenador como ha podido sonar en un primer momento.

Bueno, creo que es suficiente por hoy, espero que os haya gustado

Un saludo


martes, 8 de noviembre de 2011

6. Le Petite Voyage (II)

En primer lugar, perdón por haber tardado tanto en publicar otra vez, pero como ya dije en twitter (@DLionfleur) he tenido serios problemas familiares que no vienen a cuento, que me han impedido desarrollar mi vida con normalidad. Pero ya está todo más o menos arreglado, así que volveré a la normalidad poco a poco.

En la anterior publicación os contaba las “vacaciones” que tuve junto con una pareja en el sur de Francia, y me quedé exactamente en la llegada a la casa donde pasaríamos la semana.

Bueno, pues durante esa semana pasaron muchas cosas, la verdad es que no se pueden considerar unas vacaciones, al menos para mi. Cuando llegamos a la casa, me dijeron si llevaba algo importante en la maleta y les dije que además de mi ropa, solamente llevaba las cosas de aseo y demás. Me dijeron que realmente no necesitaría la ropa, así que pidieron que si no me importaba dejase la ropa en la maleta y sacase lo que necesitaba, porque la idea era pasar todo el tiempo que pasásemos allí, la pasásemos desnudos. Así que saqué las cosas de aseo y las que necesitaba para “prepararme” para las sesiones. Y guardamos la maleta en un armario. Realmente no pasamos el fin de semana desnudos, porque me tenían preparado un surtido de ropa interior (muy fetichista) que me regalaron al final. Nunca había visto tal cantidad de bóxers, suspensorios y slips de colores, cada día usaba al menos 3, ya que ellos me los quitaban con mucho placer.

Después de guardar la maleta les pedí que me dejasen darme una ducha (después de la escena del coche, realmente necesitaba ducharme). Me mostraron dónde estaba el cuarto de baño, pero con la condición de que les dejase mirarme mientras me duchaba. Así lo hice, me metí en la ducha totalmente desnudo, ellos entraron en el cuarto de baño se sentaron cómodamente sobre unas sillas y yo empecé a ducharme y enjabonarme. Como sabía exactamente lo que quería, pues no era la primera vez que estaba con unos voyeurs, empecé a frotarme de la forma más sexual que podía, tocándome y acariciándome el miembro, poniéndolo cada vez más duro. Poco a poco fui poniéndolos también cachondos a ellos, hasta que no pudieron evitar sacarse las vergas y empezar a masturbarse mientras me miraban. Yo también lo hacía con todo el pene lleno de jabón. Empecé a subir el ritmo hasta que eyaculé sobre la mano que me quedaba libre. Cuando me vieron correrme no pudieron aguantar más y se corrieron también. Para acabar la escena lamí todo el semen de mi mano y acabé de ducharme. Después Pierre me tendió amablemente una toalla para secarme el agua de mi cuerpo.

Kevin fue a preparar la comida, mientras Pierre y yo nos tendíamos al sol para descansar un rato mientras tomábamos un vino de la región en unas finas copas de cristal. La comida fue fantástica, y estuvimos hablando desde la hora de la comida hasta casi la hora de la cena. Fue muy entretenido porque estuvimos hablando de todos los temas imaginables.

Tomamos una cena ligera, seguida de otra pequeña charla y antes de acostarnos les “honré” con una mamada a cada uno, que me agradecieron bastante. Y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente hicimos una pequeña excursión a un laguito que había cerca. Un entorno precioso, con altos árboles, lleno de hierba y plantas silvestre, faltaban los corzos saltando para que fuese una escena sacada de “Bambi” . nos dimos un baño en el lago totalmente desnudos y nos tumbamos a tomar el sol, en medio de la hierba, sobre las toallas. Kevin se acercó a nosotros con un bote de aceite bronceador, y empezó a extendérnoslo por la espalda y por todo el cuerpo. Como estábamos bocabajo empezó a jugar además con nuestro culo hasta que nos dilató a los 2, sacó unos condones de la mochila y empezó a follarnos uno y a otro. Mientras me follaba a mi, metía sus dedos en el culo de Pierre para que no se cerrase, y mientras se follaba a Pierre hacía lo mismo conmigo. Mientras nos la metía nos decía que no nos tocásemos que quería alargar todo lo posible el momento. De repente Pierre empezó a bufar y a gemir sin parar y se acabó corriendo sin ni siquiera tocarse, cuando Kevin lo vio no pudo evitarlo y acabó sobre mi espalda. Me giré y Pierre vino hacia a mi y empezó a follarme lo más fuerte que podía mientras Kevin me la chupaba. Acabé corriéndome si poder avisarles dentro de la boca de Kevin. Pierre volvió a correrse sobre mi con un sonoro gemido que debieron escuchar hasta en París.

Pasamos el resto del día disfrutando del tiempo que nos hizo en el lago, hasta que volvimos a casa, donde cenamos y nos acostamos.

Sólo estuve 2 días más con ellos, y no hay tampoco nada demasiado remarcable, excepto una cosa que me sorprendió bastante.

Eso pasó el día antes de irme, Pierre me llamó a una habitación en la que no había estado, porque era una habitación privada para ellos. Resultó ser una especie de estudio con unos sofás de cuero preciosos, y con unas estanterías llenas de libros desde el suelo hasta el techo. Para ese momento yo llevaba un suspensorio púrpura y Pierre unos bóxers negros. Me invitó a sentarme con él en uno de los sofás y empezó a besarme y meterme mano. Fue entonces cuando se empezó a poner serio, me puso a cuatro patas en el sofá y empezó a darme suaves azotes en el culo, hasta ponérmelo rojo.

Después me separó las nalgas con sus manos y me escupió varias veces en el ano y sin previo aviso cogió un dildo (que no se de dónde lo sacó) y empezó a hacer fuerza con él en mi culo, hasta que entró. He de confesar que como no estaba dilatado dolió un poco, pero pude soportarlo. Siguió empujando y empujando el dildo (unos 30 cm de monstruosidad), y empezó a jugar con mis pelotas que me sacó del suspensorio. Empezó a lamérmelas mientras me follaba con el dildo. Después siguió dándome suaves golpecitos con la mano y delicados mordiscos en la piel del escroto. Yo estaba cachondo perdido, hacía tiempo que no me dominaban de esa forma, y mucho menos sin esperarlo.

Cuando no podía más y empezaba a gemir demasiado fuerte, entró Kevin diciendo “¿qué ya no estoy invitado a vuestras fiestas?” y mientras decía eso se quitó los slips blancos que llevaba y me metió su verga en la boca hasta la garganta y empezó a follarme la boca tan profundo y tan fuerte como era capaz.

Cuando Kevin lo vio conveniente me sacó la polla de la boca y vino hacia mi espalda donde seguía Pierre jugando, escuché como una tela se rasgaba (y más tarde descubrí que eran los bóxers de Pierre que Kevin había “abierto” por detrás para dejar su culo al aire). Empezó a reírse y añadió “no pierdes el tiempo ehh”, yo no podía mirar porque estaban detrás de mi, pero lo que pasaba es que Pierre llevaba unas bolas chinas dentro de él, que Kevin le sacó para poder follárselo. Mientras, Pierre me sacó la polla por completo del suspensorio para poder chupármela y pajearme, mientras me seguía follando con el dildo. Pierre se ahogaba entre mi pene y sus gemidos por la follada que le estaba dando Kevin. Cuando Kevin lo vió suficiente, obligó a Pierre a ponerse de espaldas a mi (culo contra culo), me sacó el dido que tenía en el culo y me metió otro distinto (que no se tampoco de dónde lo sacó), pero no era un dildo normal sino que tenía dos cabezas, nos metió una punta a cada uno y nos hizo follarnos el uno al otro con el dildo, mientras el se pajeaba y nos azotaba de vez en cuando.

Nos tuvo un rato así hasta que estuvo a punto de correrse, momento en el que nos movió y nos puso las caras juntas para correrse sobre ambos a la vez. Cuando se hubo corrido entre gemidos y bufidos, se agachó para tener nuestras pollas cerca y empezó a pajearnos para obligarnos a corrernos, los 2 bajo su “mando”. Ninguno de los dos fuimos capaces de aguantar el ritmo que llevaba y nos corrimos copiosamente a la vez.
Nos duchamos y vestimos (me habían preparado un traje precioso de chaqueta y pantalón con una camisa de lino, que también me regalaron) para cenar. Habían preparado un banquete magnífico, regado con vino de la Rioja, y pasamos una velada muy entretenida. Hasta que nos acostamos.

Al día siguiente cuando nos levantamos desayunamos y me llevaron al mismo aeropuerto en el que me había recogido unos días antes. Me pagaron la cuenta, con varios extras, porque según palabras suyas, les había dejado muy satisfechos con mi trabajo.

Después de esta historia tampoco no me pasó mucho por los problemas que tuve, que me han obligado a “retirarme” por un par de meses del negocio. Así que bueno, mis disculpas otra vez, espero poder escribir más a menudo ahora que todo está solucionado.

Un saludo a mi queridos lectores.

Ciao