miércoles, 7 de diciembre de 2011

10. Where love is for the highest bidder...there is no love!

En la anterior publicación os hablé de una pseudo-relación que tuve, y supongo que os preguntareis si he sentido o he experimentado eso que llaman “amor”. Pues bien, la respuesta es “sí”. Por supuesto que he sentido esas famosas mariposas en el estómago y el vuelco que da el corazón cada vez que ves a la otra persona. Y a decir verdad es una de las historias más bonitas y dolorosas que he experimentado jamás.

Todo pasó durante mi Erasmus en París, una ciudad preciosa y perfecta para un romance. Para empezar os diré que la historia no acabó por el fin del ese Erasmus. No nos separó la distancia sino algo mucho más peligroso. Los celos.

Fui a París como todo estudiante universitario, a aprender la lengua, disfrutar de las costumbres y conocer gente nueva y tener unas experiencias.

Vivía en una pequeña habitación (para nada barata, ¿pero a caso hay algo barato en París?) en Montmatre, cerca del Sacré Coeur. Siempre me gustó la decadencia y el atractivo de ese barrio, además ¿había otro sitio mejor para un joven estudiante/prostituto como yo?, sí, aunque me fui a París no cambié mi estilo de vida, era joven, no hacía mucho que me dedicaba a ello y además París me ofrecía una cantidad de nuevo clientes que aún no había podido probar. Puesto que estaba decidido a vivir la auténtica vida de bohemio decadente mi precio como prostituto era muy barato, accesible a todo tipo de clientes, desde jóvenes a adultos.

Así fue como le conocí, un joven medio latino, que vivía muy cerca del Cementerio del Père-laChaise. Tenía mi misma edad. Un chico guapísimo, dulce, creativo, inteligente…con unos labios carnosos y suaves, (me volvían loco)… tendríais que ver su cuerpo el mejor que he visto nunca, no era un cuerpo escultural, pero era un gran cuerpo (¿de qué otra forma puedes ver a alguien a quien amas, si no es perfecto?). Se llamaba Fernand.

Solicitó mis servicios una vez y fue maravilloso, pasional, físico, pero también sentimental, uno de los mejores polvos que he tenido. De hecho fue tan bueno que repetimos bastante a menudo, se convirtió en una especie de cliente habitual. Pero era especial, cada vez que quedaba con él, no todo se reducía al sexo. Por eso era tan especial, creo yo…

Él era un verdadero artista, y cada arte que tocaba la convertía en una virtud: pintaba, esculpía, tocaba el violín, la guitarra y el piano, escribía, hacía fotografías… era fantástico.  Podía permitirse esta vida de pseudo-bohemio porque tenía unos padres muy bien posicionados y que le daban bastante dinero para vivir, además hacía trabajillos artísticos aquí y allá y continuamente aumentaba sus fondos.

Convertía nuestras sesiones en verdaderas sesiones de arte. Me dibujaba, tocaba música para mi, leíamos poesías… no era artificioso, como puede parecer, al contrario, era perfectamente natural, erótico… lo era todo.

Había semanas que entraba en crisis simplemente porque no me llamaba o porque se retrasaba. Necesitaba esas sesiones con él. Llegó hasta tal punto que continuamente dejaba olvidados sus pagos. Dejé de cobrarle las sesiones, pues no quedaba con él por el dinero, sino porque realmente quería, y me di cuenta que él también.

Ya no solo quedábamos en su casa o en hotelillos, sino que lo hacíamos también en mi casa, incluso pasábamos noches juntos. Con él el tiempo se detenía, nos dejábamos dominar por las pasiones y el arte a la luz de las velas y el vino. Tanto era capaz de dejarme llevar que empecé a descuidar mi “trabajo”. Llegaba tarde a las citas, no aparecía arreglado o mi mente estaba en otro sitio mientras me acostaba con los clientes. Muchas veces me vi obligado a devolver el dinero a algunos que quedaron insatisfechos.

Yo intentaba ocultarle esta vida a Fernand, aunque fuese esta la forma en la que nos habíamos conocido, ya que cada vez que se enteraba de que tenía una nueva cita o que no podía verle por “trabajo” entraba en cólera. Se volvía loco de celos, aunque no me lo mostrase abiertamente e intentase hacer como que no pasaba nada, sabía que aquello le corrompía.

Muchas veces incluso le mentía diciéndole que iba a un café con algún amigo para que no sintiese celos. Pero ni eso era capaz de calmarlo, empezó la costumbre de seguirme y espiarme, más de una vez me lo encontré en el portal de alguno de mis clientes, a la entrada o a la salida.

Sólo llevábamos unos meses juntos, pero parecía que llevásemos toda la vida, yo… le amaba, pero a la vez no podía soportar su continuo acoso. Él sabía a qué me dedicaba, incluso antes de empezar una relación conmigo, ¿por qué le constaba tanto entenderlo ahora? ¿por qué no entendía que aquello era solamente trabajo?, de la misma forma que él vendía dibujos en la calle, o tocaba su violín en las esquinas, en definitiva, su alma, yo vendía mi cuerpo.

La situación de celos se alargó durante 2 meses, en los cuales, el marcaje ya era insoportable, cada vez que salíamos juntos a la calle me agarraba como agarras a un perro para que no vaya a olisquear a otros. Me preguntaba por cada persona que nos miraba por la calle, sin que entendiese, que en realidad nos miraban por su actitud, la cuál era caricaturesca, parecía el mismo Pantalone (el personaje de la Commedia dell’arte).

Como es lógico pensareis, ¿por qué no dejaste tu trabajo si tanto le amabas?

Después de todo… por amor se hacen las mayores “locuras”.

Pues el caso es que así fue, lo dejé. Pero creo que fue demasiado tarde, los celos ya le habían consumido y su confianza en mi había desaparecido, seguía pensando que me seguía acostando con cualquiera por una miseria.



Llegó el momento en que simplemente me odiaba, y todo se convertía en motivo de bronca: que no encontrase resina para su violín, porque yo se la había cambiado de sitio; que la arcilla que utilizaba estaba demasiado seca, porque no la había dejado en remojo el tiempo necesario… hasta la cosa más nimia era un drama digno de hacer una ópera. Todo empezó a cambiar, ni me besaba como antes, ni el cariño que me daba era el mismo.

Empecé a distanciarme, ya no buscaba excusas para estar con él, sino al contrario, las buscaba para alejarme. Algo que no venía muy bien porque seguía pensando que lo hacía para seguir acostándome con otros…

El final… tampoco hay que tener muchas luces para saber cómo acabó… fue una ruptura bastante gorda, y no precisamente sencilla. Me rompió el corazón, pero no así mis ganas de amar. Siempre he considerado el amor una de las cosas más importantes del mundo. Por supuesto siempre apoyado en la mayor sinceridad y complicidad…

También tengo algo claro, nunca hay que arrepentirse de lo que uno hace o ha hecho nunca. Todos acabaremos encontrando a ese alguien especial y que nos acepte tal y como somos.

Después de nuestra separación, no volví a ver a Fernand durante el tiempo que me quedó en París, no fue hasta años después cuando supe de él, se había convertido en un importante músico del panorama parisino e internacional. Siguió haciendo obras fantásticas, y expuso incluso en NY. Siempre supe que era una persona con mucho talento, por lo tanto no me extrañó que se convirtiese en alguien tan importante tan rápido. Ahora tiene un novio con el cuál lleva más de 3 años. 

miércoles, 30 de noviembre de 2011

9. El placer de los Sentidos

Como sabréis los sentidos es uno de los temas más importantes dentro del arte. Por ejemplo hasta no hace demasiado hubo en Madrid una exposición sobre “el Joven Ribera”, donde aparecerían algunas de sus representaciones de los sentidos. Es un tema que obsesionaba en el siglo XVII, y que aunque pretendamos aparentar que no es así, aún nos sigue obsesionando y sobre todo relacionándolo con el tema del sexo.

Para empezar en el tema de la vista, nos hemos vuelto especímenes que se mueven por el deseo de lo que vemos (de ahí la enorme industria del porno que encontramos, sólo hace falta teclear “pene”, “polla”, “coño” o “sexo” en internet y tenemos mil millones de posibles entradas relacionadas). El tacto por supuesto es importante, todo el tema del distintas texturas relacionadas con el sexo: desde la propia piel, pasando por la seda, los bordados, el latex, cuero...  o hasta los condones tienen distintas texturas para dar distintas sensaciones. El oído, porque ¿a quién no le gusta escuchar un susurro, un gemido o una palabra cómplice? tenemos, además una magnífica colección de canciones provocativas (¿quién no conoce Fever, o Straight to Number one?) ... el gusto, es uno de los más difíciles de relacionar con el sexo, pero por supuesto el sabor de los labios de un amante/amado es lo mejor que puede existir en el mundo, no hay sabor que se le pueda comparar.

                                           

Pero el olfato... ¡ay! El olfato es uno de los más especiales, y la historia de hoy habla sobre ello. No es una historia sobre el morbo de los olores corporales (sería demasiado obvio escribir una entrada de alguien a quien le guste oler ropa interior usada o calcetines sucios, conste que no lo descarto en un futuro), esta historia es más fina, más suave (en contraste con las anteriores).

La historia en realidad no me ocurrió dentro de mi “trabajo”, así que en realidad no debería incluirla aquí, pero me parece interesante y lo suficientemente curiosa como para mostrarla.

Conocí al chico en cuestión una tarde en una cafetería, la típica historia, chico-conoce-chico. Me encontraba en un “día libre” tomando una cerveza mientras leía un libro. En ese momento entró un chico en la cafetería, altísimo (cerca del metro noventa), moreno, con barba, bastante impresionante. Y perfectamente vestido, totalmente posh, y totalmente estiloso, se notaba que controlaba de moda y de saber estar.

Me quedé embobado cual quinceañera cuando ve al famosillo de turno con el que ha forrado su carpeta. Desgraciadamente para mi, el chico se dio cuenta de lo evidente y se rió (me puse rojo y escondí la nariz en el libro y esperé a que se fuese o se sentase lejos de mi). Pasados unos minutos me asomé para asegurarme de que estaba “a salvo”, pero no era así, porque él se había sentado en la mesa de al lado de la mía. Un sudor frío me recorrió la espalda, una vergüenza que no sabía cómo esconder. (Aún hoy no entiendo por qué me sentí así, normalmente no soy la persona que se achanta o que se siente así. Suelen decirme que peco de soberbia y orgullo, pero aquí no era capaz de dominarme a mí mismo).

En el momento en el que volví a mirarle, me volvió a ver, sonrió y me saludó presentándose. Se llamaba Alfredo. Yo también me presenté. Y empezamos a hablar, me contó que era un empresario (yo lógicamente mentí y dije que era traductor, y que ahora mismo estaba en paro, normalmente cuando dices que eres prostituto la gente no suele darte una calurosa bienvenida). Estuvimos tomando cervezas y empezamos a hablar para conocernos.

Era un tío realmente interesante, guapo y por lo que dejaba ver a través de su polo verde tenía un buen cuerpo. Me preguntó por qué estaba allí solo, y yo le contesté que hay veces que uno necesita sentirse solo aún estando rodeado de gente, y que además me servía para mi “trabajo” el ver cómo interactuaban unos otros. El me contó que había ido allí a encontrarse con un amigo suyo, pero que justo cuando había llegado a la puerta le había llegado un whatsapp de su amigo que le decía que finalmente no podía ir. (personalmente estoy en contra de esta nueva moda de los mensajes instantáneos y del trato con los otros de forma tan artificial, ¿qué fue de llamar? ¿o de quedar con amigos?. Yo tengo un móvil antiguo, además de por estar en contra de estos nuevos medios de comunicación que los veo totalmente impersonales, porque hay veces que uno tiene que salir “corriendo” de según que situaciones y es mejor no llevar más que lo puesto).

Fue curioso descubrir que teníamos bastantes cosas en común, o que por lo menos sabíamos hablar y entender de qué hablaba el otro. Se nos pasaron las horas volando. Tanto que incluso se nos hizo de noche y tuvimos que despedirnos. Intercambiamos los teléfonos para poder quedar otro día. Cuando volví a mi apartamento y me duché recibí un sms suyo diciéndome

“ace mss q no scribia 1 sms y ya casi s m a olvidado cómo s acía. Pro m lo e pasado muy bn cntigo, t gustaría qdar mñn?
Vivo muy crca dl cntro, pueds vnir a mi casa si kieres”

Yo le contesté diciéndole que viniese a la mía que yo vivía en el centro y que estaría encantado de enseñarle la casa (como veis es bastante distinto a otras historias, ya que no suelo invitar a mi clientes a casa, además de puta no voy a poner la cama). Recibí otro sms diciéndome solamente “ok”. Y que vendría al día siguiente a las 20.00.

Me pasé nervioso todo el día desde que recibí su mensaje hasta que finalmente llegó. Cuando entró en mi casa y vio mi pequeña biblioteca y mis obras de arte se quedó tremendamente sorprendido de que un traductor en paro pudiese permitirse los lujos que yo me permitía (pude leérselo su cara), pero muy amablemente no dijo nada. Saqué una botella de chardonnay (que según me había dicho el día anterior era algo que le privaba). Y como buen tópico lo acompañé de un poco de queso brie y de unas uvas (muy francés y muy artificioso aunque sencillo a la vez). Y seguimos la conversación donde la habíamos dejado el día anterior.

El tiempo pasaba a una velocidad escalofriante, cuando miramos el reloj por primera vez ya habían pasado más de 3 horas y no nos habíamos dado cuenta. Había algo en él que me atraía, sólo pensaba en besarle, ya no prestaba atención a lo que me decía, contestaba por inercia, dejándome llevar, ¿qué estaba diciendo? ¿qué estaba pasando?... todo era una nube y de repente… sin previo aviso, ni señal de ningún tipo, al menos claramente reconocible… me besó.

Nuestros labios y nuestras lenguas continuaron lo que habían estado haciendo antes, pero esta vez juntas, unidas en un baile que parecía no acabar nunca. Alfredo empezó a besarme por el cuello, me abrazaba y acariciaba, y de subito pasó algo que me dejó totalmente descolocado… empezó a olerme. Aspiraba mi aroma, de forma suave pasaba, por mi cuerpo, lo que estaba a la vista (pues aún estaba vestido), su nariz para olerme. Se dio cuenta de mi sorpresa y me explicó que yo poseía un aroma especial, algo que le atraía y que no podía evitarlo. Yo no comprendía qué estaba pasando pero como creo que hay que hacer en esta vida, me dejé llevar.

Nuestra ropa empezó a volar por la habitación, y nuestros cuerpos se entrelazaban. Como ya había supuesto tenía un buen cuerpo, definido, no excesivamente marcado, y no depilado, pero tampoco exageradamente peludo, era perfecto.

Empezó a recorrer mi cuerpo con su nariz para absorber todos los distintos aromas que este poseía, y a cada nuevo que encontraba le entusiasmaba más que el anterior, se estaba volviendo loco de placer, y yo me moría por él. Y entonces en un hilo de voz, le pedí, aunque casi era más un ruego que me follase. Lo necesitaba, lo quería, lo deseaba. Y así lo hizo, me penetró fuerte y profundo... Me estremecía como lo hice la primera vez con Marcos. No sé qué me pasaba, me atraía él, y su atracción por mí, me resultaba increíble cómo alguien podía “alucinar” tanto con algo tan simple como el olor de alguien.

Todo parecía perfecto.

Y continuó siéndolo.

Alfredo, embriagado por mi perfume y por los olores que desprendía mi cuerpo me cubría de regalos: perfumes, jabones, desodorantes… todo tipo de plantas, y sales para la piel, estaba fascinado conmigo.

La relación con él era muy especial, teníamos sexo, claro, pero no era precisamente como con mis clientes, aunque tengo clientes fijos que sí que me hacen regalos y que están encantados conmigo, con Alfredo era distinto, en ningún momento le cobré, y por supuesto también le regalaba cosas (pocas porque estaba en “paro”, pero regalos caros que hacía aparentar baratos).


Nuestra “relación” continuó un tiempo, no sé exactamente cuánto, porque cuando estábamos juntos yo me quedaba prendado de su imagen y él de mi aroma, y el tiempo siempre parecía menos de lo que realmente era. Todas las semanas procurábamos vernos (era complicado decirle que no podía quedar, dado que se suponía que yo estaba en paro, así que tenía que inventarme excusas para no quedar con él). Hasta que un día, asaltado ya por la culpa y los remordimientos decidí contarle la verdad sobre mí.

Le confesé que era un prostituto, y que tenía relaciones sexuales con otros hombres por dinero. Su primera reacción fue clara, se levantó de la mesa (estábamos en una cafetería, sé cómo tratar estas cosas y es mejor hacerlo en público), y se dispuso a salir por la puerta. Pero justo en el momento en el que tenía que salir o quedarse, se dio la vuelta y vino, se sentó y me preguntó que por qué lo hacía, que por qué no vendía lo que tenía y me mantenía con eso.

Le conté toda la historia completa, que con él no había sido como un simple cliente que había más, que no había quedado con él simplemente por el sexo, que me divertía y me gustaba, que me sentía bien con él… Él me confesó que también se divertía conmigo, que le encantaba estar conmigo, y que nunca antes había sentido esa atracción tan fuerte por una persona y por su olor. Pero también me dijo que la confesión era demasiado fuerte para él, y que necesitaba tiempo. Se fue de la cafetería y me dejó allí.

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Hace un par de días hablé con él, de nuevo, me ha dicho que le encantaría verme de nuevo, que aún siente mi olor, y que necesita volver a sentirlo cerca. Me dijo que sentía como se había comportado y que esperaba que le perdonase.   

domingo, 27 de noviembre de 2011

8. Heteros Curiosos

En esta nueva publicación me gustaría hablar de un tema bastante típico del panorama homosexual, los “heteros curiosos”. Todos, estoy seguro, hemos conocido a algún hetero que alguna vez ha dicho “a mí no me importaría probarlo” o que se lía con algún tío una noche y dice “no, si a mí me da igual, a mí me gustan las tías” (suelen añadirle el rascarse los huevos para darle más énfasis). Este tipo de elementos sociales, suelen encontrarse dentro de grandes eventos, sobre todo cuando Dionysos está presente (traducción: estos tíos aparecen sobre todo cuando hay fiestas grandes y alcohol a puntapala), momentos en los que parecen olvidar sus posiciones originales en pro de “investigar y/o curiosear” otras posibilidades.

Como prostituto, sexualmente liberado, podréis pensar que me he encontrado en varias situaciones con heterosexuales curiosos, pues muchos de ellos prefieren pagar para probar algo, que de otra forma piensan que es muy complicado de conseguir o les da más vergüenza, ya que a un prostituto le pagas y hace lo que tú quieras, y “seducir” a otro hombre puede acarrear más trabajo y más consecuencias.

Bueno, la historia de hoy empieza con una llamada de una mujer (sí, una mujer), preguntándome si estaría dispuesto a hacer un trabajito, me informé de qué tipo de trabajo precisaba, pues yo había tenido relaciones con mujeres como prostituto, pero no eran precisamente las que más me interesaban. Me comentó que no era para ella, sino para otra persona (un hombre). Después de definir una serie de detalles más, concretamos una cita para el “evento”. Sería en su casa al día siguiente alrededor de las 21.00.

Al día siguiente fui al lugar dónde nos íbamos a juntar y esperé a que fuese la hora. A las 21.00 en punto (soy muy alemán para estas cosas) llamé al timbre. Me abrieron la puerta y subí las escaleras hasta el piso. Una mujer preciosa, morena, alta y de piernas interminables me abrió la puerta. Llevaba un corsé rojo con encaje negro, un liguero (que sujetaba unas medias finas y negras) y un tanguita a juego. Andaba sobre unos tacones de unos 10 cm. La verdad es que resultaba imponente, la melena negra larga le caía larga, suelta y rebelde sobre sus hombros y espalda, enmarcando una cara fina, con unos labios carnosos pintados de rojo, y unos ojos negros, profundos, y era evidente que eran mucho más llamativos por el rímel y por las pestañas rizadas. Era una completa diosa sexual en la tierra, ningún heterosexual podría resistirse a este monumento.

Me llevó a un salón donde me sirvió una copa de vino, tinto. Y tuvimos una pequeña conversación. Se veía que dominaba la situación y que le gustaba. Yo no podía siquiera pretender dominarla, porque había algo que no entendía, -¿Dónde estaba él?- me faltaba el hombre para el que me había contratado. Esto empezaba a ser un poco raro, a mi no me importaba estar allí charlando con esta mujer, parecía interesante (y me gustan mucho las personas interesantes), pero yo había ido allí para trabajar. Fallaba algo y a mí, eso, no me gustaba.

Pese a que soy bastante bueno ocultando lo que realmente siento (es lo que tiene mi trabajo) después de una hora de darle vueltas a la cabeza pues supongo que era evidente. Y la mujer se dio cuenta, me dijo que no me preocupase que en breves momento entendería todo.

Cuando sonaron las 22.30 en las campanadas del reloj que tenían en la pared, la mujer se levantó y me invitó a seguirla. Así lo hice y me llevó al dormitorio principal de la casa una habitación alumbrada con un par de candelabros de plata con velas altas, las cuales formaban un ambiente misterioso e intrigante. Cuando los ojos se me adaptaron a la leve luz reinante. Descubrí que tumbado bocabajo, se encontraba un hombre desnudo, de aproximadamente 1’75 de altura, no muy peludo, con barba de unos 3 días, y bastante guapo.

La mujer me dijo que él era para quien me había contratado, que era su marido, y que quería experimentar lo que era el sexo con un hombre. En palabras textuales me dijo –hazle lo que quieras, es tuyo, pero procura que sea inolvidable-. Añadió que no tenía permitido hablar, así que no esperase si quiera un “me duele” o “para”. Era totalmente libre para hacer lo que quisiese.

Según me dijo esto, se sentó en un butacón a un lado de la cama para mirar.

Empecé por ponerme cómodo, me quité la americana que llevaba, y la corbata, que usé para vendarle los ojos, y me desabroché un par de botones de la camisa. Para empezar puse un almohadón bajo el hombre (a partir de ahora le llamaré HC (las siglas de hetero curioso), porque nunca supe su nombre) para poder tener su culo más accesible. Empecé dándole un suave mordisco en cada nalga y se las separé para ver su ano. Había sido rasurado recientemente, lo cual agradeces normalmente a nadie le gusta comer pelo (no normalmente). Empecé a dar ligeras lamidas y empecé a ver cómo se estremecía de placer, sin hacer ningún sonido (ya que lo tenía prohibido).

HC empezó a relajarse y a dilatarse, y según se relajaba mis lamidas y lametones se hacían más profundas e intensas. Cuando empecé a ver que no podía más, me metí un dedo en la boca y sin que lo esperase se lo metí hasta el fondo. Pego un gemido de placer, y la mujer se levantó, fue a un cajón y sacó una paletita de madera, no más grande que una pala de ping-pong, se acercó al hombre y con todas sus fuerzas le azotó en el culo con ella, lo que provocó otro gruñido de queja por parte de HC, y una nueva respuesta de pala por parte de la mujer. La mujer me miró y dijo –te dije que tenía prohibido hacer sonido alguno, a partir de ahora serás tú quien le castigue. Él me pidió que le permitiese tener esta experiencia y la condición era que no podía hacer o decir nada, así que tiene que respetar el trato- y con las mismas se volvió a sentar.

Después de este breve in pass continué, fui metiéndole poco a poco uno, dos, tres dedos, quería tenerlo perfectamente dilatado. Y aunque no decía nada, se le notaba que le gustaba, podía ver cómo se iba estremeciendo, y yo me iba excitando cada vez más. Me incorporé y le di la vuelta, quería verle la cara cuando me lo estuviese follando. Me abrí la bragueta del pantalón y saqué mi rabo, completamente duro. La mujer me miraba y empezó a acariciar su cuerpo y a tocarse, era evidente que la situación también le excitaba.

Me puse un condón y escupí en mi polla, para que resbalase más. Después acaricié el cuerpo de mi “víctima” y cuando le tenía pendiente de lo que hacían mis manos se la metí, de un solo golpe, lo que provocó un sonoro y profundo gemido, que la mujer me obligó a castigar. Así pues cogí la pala y le azoté en la zona interior del muslo (es bastante más doloroso que en el culo), y provocó lo que yo quería que se estremeciese y se quejase, lo que me dio la oportunidad de volver a hacerlo, pero el segundo paletazo no tuvo ya ese efecto, así que me pude dedicar a follarle.

Tendríais que haberle visto la cara, la boca completamente abierta intentando coger aire, pero a la vez intentando no producir sonido alguno. El muy cabrón estaba disfrutando, y no sólo su cara lo demostraba, tenía el pene completamente erecto, duro como una piedra, y empezaba a gotear liquido preseminal. Pero a mí me parecía muy pronto para acabar, así que se la saqué, me quité el condón y cogí la paleta, le di la vuelta y le introduje el mango, y mientras lo hacía me acerqué a su boca.

Le acaricié suavemente los labios con la punta de mi pene, y abrió la boca completamente. Para estar más cómodos, le puse de lado. Y le volví a pasar la polla con la cara. Volvió a abrir la boca y sacó la lengua. Empezó, así, a darle pequeños lametones a mi capullo, yo poco a poco fui ejerciendo presión para ir metiéndole la polla en la boca, hasta que la tuvo prácticamente dentro, empecé a follarle la garganta, mientras el me acariciaba el culo en busca de mi agujero, hasta que se dio cuenta de que llevaba puesto el pantalón. Tuve que darle un pequeño bofetón para que se diese cuenta que el que mandaba aquí era yo y que se tenía que estar quietecito. Miré a la mujer, que estaba masturbándose mientras veía la escena. Su cara era también el digna imagen del placer, la cabeza hacia atrás, con su melena suena, los ojos cerrados y la boca abierta… mientras se veía como iba metiendo y sacando sus dedos en su vagina.

Se veía que ambos disfrutaban, cada uno con su parte. Agarré el rabo de HC y empecé a acariciarlo suavemente, arriba y abajo, pasando mi dedo pulgar por la punta húmeda. En ese preciso instante su respiración empezó a cambiar, se volvió más entrecortada, mucho más profunda. Cambié entonces de maniobra, le saqué la polla de la boca y me fui entre sus piernas, empecé a masturbarle mucho más rápido e intensamente, mientras jugueteaba con sus pelotas… no duró mucho tiempo, ya que acabó corriéndose con un sonoro orgasmo, cubriendo su pecho de un espeso semen blanco. Le obligué a darse la vuelta, le saqué la paleta y le azoté por el orgasmo. Me puse otro condón y se la volví a meter, y a bombearle, mientras le seguía pajeando, no me costó ni 2 minutos conseguir que se pusiese como una piedra otra vez.

Mientras me encontraba en esta situación, la mujer se acercó a mí, retiró mi mano de la polla de HC y se la metió en las bragas, me dijo que quería que fuese yo quien la hiciese correrse, y con las mismas fue ella quien agarró la polla de su marido, y empezó a masturbarle igual que lo había estado haciendo yo.

En cuanto metí los dedos en aquel coño húmedo, la mujer empezó a gemir como una loca, era obvio que estaba a punto de correrse, así que le hice un dedo lo mejor que pude, acariciándole el clítoris con el dedo pulgar mientras le introducía el índice y el dedo corazón. Sus gemidos se fueron haciendo constantes y al poco dio uno profundo, y noté un líquido caliente que salía de dentro de ella. Cayó al lado del hombre, al cual me seguía follando, y empezó a chupársela. Empecé a notar cómo contraría el culo, estaba a punto de correrse otra vez, así que empecé a aumentar el ritmo, yo también estaba a punto de correrme, pero quería esperar a que lo hiciese él primero. Le agarré del pelo para levantarle la cabeza y le dí un azote con fuerza. En esta posición, no aguató mucho y volvió a correrse, dentro de la boca de la mujer, con otro sonoro gemido. Yo no pude aguantarme más y después de azotarle (como castigo, otra vez), se la saqué y me corrí por toda su espalda.

Después de respirar profundamente y recuperarme, me limpié el pene, y me lo guardé en los pantalones, la mujer también se limpió, y salimos de la habitación, dejando a HC cubierto de corridas a 4 patas sobre la cama (no sin antes coger mi corbata), suspirando e intentando reponerse aún.

La mujer admitió que estaba muy contenta con mi servicio y que no descartaba volver a utilizarlos en algún otro momento, me dio un suave beso en la mejilla y un abultado sobre con mis honorarios.

¿No es curioso como el típico hetero puede volverse el más sumiso de los pasivos llegado el momento?

Un saludo queridos lectores,

A bientôt 

martes, 15 de noviembre de 2011

7. En internet encuentras de todo

Se que hace poco hice una publicación, sobre todo en comparación con el tiempo que estuve sin publicar. Pero ya os dije que he vuelto a la normalidad y que ahora sí que puedo publicar.

En esta publicación me gustaría contaros uno de mis inicios en el “negocio” de recibir dinero a cambio de mi cuerpo. Como ya os conté en una publicación anterior (3. Fantasías y Regalos), ya había recibido dinero (y no poco) por acostarme con un hombre. pero esta situación es y fue distinta. En fin, voy a comenzar mi relato:

Yo era joven y acaba de ocurrirme lo de Pedro, realmente no sabía que hacer y cómo sentirme, realmente me sentía extraño, porque por una parte sentía que no había hecho nada malo, simplemente me había divertido y encima había recibido dinero por ello, pero claro por otra parte, la gente que recibía dinero por “divertirse” eran las putas, y como cualquier persona normal en aquel momento no pensaba lo que pienso ahora de las putas.

En este contexto de “no sé qué o cómo sentirme” dejé de tener relaciones reales con hombres porque me sentía un poco vulnerable. No sé si me entendéis, pero en cierto modo me sentía como usado, y deshonrado en cierto modo (más tarde me di cuenta de que no era gran cosa). Así pues, como buen joven me refugié en internet: chats, correos, mensajes instantáneos, redes sociales, porno... todo lo que el mundo de internet podía ofrecerme para seguir sintiéndome en la onda de las relaciones. Aunque fuese en un sentido falso y no real. En una de mis sesiones de soledad en mi habitación (sí, en uno de mis momentos de pajearme) me encontré con un hombre que me empezó a hablar y a ofrecerme cierto negocio. El negocio consistía en convertirme en modelo para una página de cams en internet. Es decir, pajearme delante de una cam para que me viesen otros hombre y me pagasen por ello.

Lo primero de todo empezó a tentarme la oferta porque:
  1. Nadie tendría por qué enterarse
  2. Iba a conseguir dinero por darme placer a mi (y no a otros)
  3. No tenía que hacer nada realmente sólo estar en mi habitación
  4. Nada me obligaba a trabajar, podía hacerlo cuando yo quiesese, y dejarlo igual. Cobraría solamente por lo trabajado no tenía que cumplir unos mínimos.

Parecería un negocio genial, yo no tenía que ni salir de casa, ni tener un trato real con los clientes, e iba recibir dinero por pajearme (algo que hacía todos los días un par de veces). (como me lo dijo en plena paja, la acabé y después de limpiarme) acepté. Empezaría a “trabajar” al día siguiente.

Al día siguiente después de lo que me había explicado mi contacto ahora mi “jefe” la verdad es que estaba bien tranquilo, abrí mi sesión en la página me puse unos calzoncillos bonitos y me senté en la cama enfocando mi cuerpo y empecé a ver cómo subía las visitas y como me empezaban a hablar. El truco, según me había dicho, era que no hacía falta irme con el primero que quisiese verme desnudo, simplemente tenía que hacerme desear y calentar el ambiente. Y eso hice, estuve calentando el ambiente como 15 minutos hasta que encontré un tio que parecía realmente interesado porque se tiró los 15 minutos detrás de mi.

Empezamos un chat privado y me fue haciendo una serie de preguntas para ir dando confianza. Y después empezó a preguntarme qué es lo que me ponía, que qué estaba dispuesto a hacer... yo como buen modelo, le dije –lo que me pone es hacer realidad tus deseos, sólo pide y será lo que haré- debieron ser las palabras mágicas porque se puso como una moto según notaba en el cambio de la conversación. Empezó a pedirme que desnudarse, lentamente dejándole deleitarse en mi cuerpo y en la sensualidad que este desprendía. Dicho y hecho, empecé a bajarme los calzoncillos de espaldas a la cam, deslizándolos despacio y de la forma más sensual que pude.

Me pidió que me pusiese a 4 patas sobre la cama, mostrando completamente el culo para su deleite, cuando tuvo bastante me pidió que empezase a acariciarme el ano con los dedos mojándolos primero con saliva. Así lo hice y cuando me lo pidió empecé a meterme los dedos (no tengo que decir que me estaba poniendo bastante cachondo y lógicamente abrirme el culo (aunque suene muy bestia) no ayudaba). me preguntó si tenía algún dildo para poder jugar con él. Le dije que no y me pidió que buscase algo para poder meterme. Lo único que se me ocurrió fue algo de fruta (fui a la cocina y cogí una zanahoria y un plátano) volví con ello y a él le encantó mi idea. Me pidió que me metiese la zanahoria directamente y empezase a jugar con ella. Pero que no me tocase la polla. Podía hacer lo que quisiese pero no tocarme el rabo. Empecé a meterme y sacarme la zanahoria mientras la hacía ver que gemía (cosa que hacía en realidad), mientras lo hacía me dijo que abriese el plátano y empezase a chuparlo, lo hice como si fuese una polla y seguí jugando con la zanahoria mientras (estaba en una especie de trío vegetariano, con una zanahoria follándome el culo y un plátano follándome la boca). Me dijo que cambiase las frutas de sitio, tenía que meterme el plátano en el culo y la zanahoria y en la boca. En plátano después de jugar con él en mi boca, comprenderéis que estaba blando, o no tan duro como está nada más pelarlo. Así que metérmelo fue bastante complicado porque según avanzaba se aplastaba y se hacía una especie de puré, me decía que eso le estaba poniendo muy muy caliente. Así que seguí, hasta que pude y después me pidió que siguiese con mis dedos.

Ahora tenía el culo sucio de plátano así que me dijo que jugase con ello, que daba igual, estuve así como 5 minutos hasta que me dijo que me masturbase, y que lo hiciese lo más rápido y fuerte que pudiese que quería que me corriese antes de que lo hiciese él. Me puse a ello, y no tardé mucho en correrme (después de todo lo que llevaba ya estaba bastante caliente y realmente quería correrme), y cuando me corrí lo hice con un sonoro y exagerado orgasmo que según me dijo, hizo que se corriese como nunca.

Cuando miré el tiempo de la sesión, había durado como una hora y media... eso significaba 71’10 €, poco en relación con lo que había conseguido con Pedro, pero... ¡aquí no había salido de mi casa!. La conversación se extendió un poco más, diciéndome que comprendía que había sido un poco asqueroso lo del plátano, que le encantaría lavarme, pero que necesitaba verme jugar con algo más, porque siempre que tenía un amante procuraba que fuesen chichos/hombres a los que les gustase el juego, y que según él tenía un armario lleno de juguetes. La charla se extendió un rato más. Y cuando acabamos y se despidió, miré “la factura” que había llegado hasta 118’5 €... ¿no estaba nada mal para ser mi primera sesión, verdad?.

Antes de irse me pidió otra sesión pronto, porque realmente había disfrutado mucho. Continué mucho más tiempo en la página, ganando pellizquitos de dinero que me iban viniendo bien para los caprichos que cualquier joven tiene... ropa, salir, música, cine, viajes... y me fui dando cuenta que esto era bastante divertido, y que era una forma divertida de ganarme dinero. Las sesiones empezaron a hacerse cada vez más complicadas, ya que tenía dinero podía invertirlo en comprar juguetes y sex stuff para poder mejorarlas y poder llamar la atención de más clientes. Acabé haciendo una “cartera de clientes” de más de 30 hombres que suspiraban por mi.

Algunos de ellos me pidieron, incluso suplicaron, una cita real que me pagaría por supuesto, porque según palabras suyas –no permitirían que me quedase sin dinero por perder el tiempo quedando con ellos-. Finalmente accedí a quedar con algunos y hacer realidad sus fantasías pero delante de ellos.

Poco a poco fui dejando la página (que en realidad aún no he abandonado, y cuando me apetece me meto de vez en cuando a hacer algún pequeño show). Y fui teniendo citas reales a cambio de dinero, que realmente era una forma mucho más rápida de conseguir dinero, y bastante más que lo que ganaba con la página.

Antes de poner fin al relato, me gustaría dejar claro que aunque trabajase en esta página, nunca dejé de lado mi vida social, solamente me metía en la página esta cuando me aburría y quería entretenerme y ganar dinero. No estaba todo el día pegado al ordenador como ha podido sonar en un primer momento.

Bueno, creo que es suficiente por hoy, espero que os haya gustado

Un saludo


martes, 8 de noviembre de 2011

6. Le Petite Voyage (II)

En primer lugar, perdón por haber tardado tanto en publicar otra vez, pero como ya dije en twitter (@DLionfleur) he tenido serios problemas familiares que no vienen a cuento, que me han impedido desarrollar mi vida con normalidad. Pero ya está todo más o menos arreglado, así que volveré a la normalidad poco a poco.

En la anterior publicación os contaba las “vacaciones” que tuve junto con una pareja en el sur de Francia, y me quedé exactamente en la llegada a la casa donde pasaríamos la semana.

Bueno, pues durante esa semana pasaron muchas cosas, la verdad es que no se pueden considerar unas vacaciones, al menos para mi. Cuando llegamos a la casa, me dijeron si llevaba algo importante en la maleta y les dije que además de mi ropa, solamente llevaba las cosas de aseo y demás. Me dijeron que realmente no necesitaría la ropa, así que pidieron que si no me importaba dejase la ropa en la maleta y sacase lo que necesitaba, porque la idea era pasar todo el tiempo que pasásemos allí, la pasásemos desnudos. Así que saqué las cosas de aseo y las que necesitaba para “prepararme” para las sesiones. Y guardamos la maleta en un armario. Realmente no pasamos el fin de semana desnudos, porque me tenían preparado un surtido de ropa interior (muy fetichista) que me regalaron al final. Nunca había visto tal cantidad de bóxers, suspensorios y slips de colores, cada día usaba al menos 3, ya que ellos me los quitaban con mucho placer.

Después de guardar la maleta les pedí que me dejasen darme una ducha (después de la escena del coche, realmente necesitaba ducharme). Me mostraron dónde estaba el cuarto de baño, pero con la condición de que les dejase mirarme mientras me duchaba. Así lo hice, me metí en la ducha totalmente desnudo, ellos entraron en el cuarto de baño se sentaron cómodamente sobre unas sillas y yo empecé a ducharme y enjabonarme. Como sabía exactamente lo que quería, pues no era la primera vez que estaba con unos voyeurs, empecé a frotarme de la forma más sexual que podía, tocándome y acariciándome el miembro, poniéndolo cada vez más duro. Poco a poco fui poniéndolos también cachondos a ellos, hasta que no pudieron evitar sacarse las vergas y empezar a masturbarse mientras me miraban. Yo también lo hacía con todo el pene lleno de jabón. Empecé a subir el ritmo hasta que eyaculé sobre la mano que me quedaba libre. Cuando me vieron correrme no pudieron aguantar más y se corrieron también. Para acabar la escena lamí todo el semen de mi mano y acabé de ducharme. Después Pierre me tendió amablemente una toalla para secarme el agua de mi cuerpo.

Kevin fue a preparar la comida, mientras Pierre y yo nos tendíamos al sol para descansar un rato mientras tomábamos un vino de la región en unas finas copas de cristal. La comida fue fantástica, y estuvimos hablando desde la hora de la comida hasta casi la hora de la cena. Fue muy entretenido porque estuvimos hablando de todos los temas imaginables.

Tomamos una cena ligera, seguida de otra pequeña charla y antes de acostarnos les “honré” con una mamada a cada uno, que me agradecieron bastante. Y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente hicimos una pequeña excursión a un laguito que había cerca. Un entorno precioso, con altos árboles, lleno de hierba y plantas silvestre, faltaban los corzos saltando para que fuese una escena sacada de “Bambi” . nos dimos un baño en el lago totalmente desnudos y nos tumbamos a tomar el sol, en medio de la hierba, sobre las toallas. Kevin se acercó a nosotros con un bote de aceite bronceador, y empezó a extendérnoslo por la espalda y por todo el cuerpo. Como estábamos bocabajo empezó a jugar además con nuestro culo hasta que nos dilató a los 2, sacó unos condones de la mochila y empezó a follarnos uno y a otro. Mientras me follaba a mi, metía sus dedos en el culo de Pierre para que no se cerrase, y mientras se follaba a Pierre hacía lo mismo conmigo. Mientras nos la metía nos decía que no nos tocásemos que quería alargar todo lo posible el momento. De repente Pierre empezó a bufar y a gemir sin parar y se acabó corriendo sin ni siquiera tocarse, cuando Kevin lo vio no pudo evitarlo y acabó sobre mi espalda. Me giré y Pierre vino hacia a mi y empezó a follarme lo más fuerte que podía mientras Kevin me la chupaba. Acabé corriéndome si poder avisarles dentro de la boca de Kevin. Pierre volvió a correrse sobre mi con un sonoro gemido que debieron escuchar hasta en París.

Pasamos el resto del día disfrutando del tiempo que nos hizo en el lago, hasta que volvimos a casa, donde cenamos y nos acostamos.

Sólo estuve 2 días más con ellos, y no hay tampoco nada demasiado remarcable, excepto una cosa que me sorprendió bastante.

Eso pasó el día antes de irme, Pierre me llamó a una habitación en la que no había estado, porque era una habitación privada para ellos. Resultó ser una especie de estudio con unos sofás de cuero preciosos, y con unas estanterías llenas de libros desde el suelo hasta el techo. Para ese momento yo llevaba un suspensorio púrpura y Pierre unos bóxers negros. Me invitó a sentarme con él en uno de los sofás y empezó a besarme y meterme mano. Fue entonces cuando se empezó a poner serio, me puso a cuatro patas en el sofá y empezó a darme suaves azotes en el culo, hasta ponérmelo rojo.

Después me separó las nalgas con sus manos y me escupió varias veces en el ano y sin previo aviso cogió un dildo (que no se de dónde lo sacó) y empezó a hacer fuerza con él en mi culo, hasta que entró. He de confesar que como no estaba dilatado dolió un poco, pero pude soportarlo. Siguió empujando y empujando el dildo (unos 30 cm de monstruosidad), y empezó a jugar con mis pelotas que me sacó del suspensorio. Empezó a lamérmelas mientras me follaba con el dildo. Después siguió dándome suaves golpecitos con la mano y delicados mordiscos en la piel del escroto. Yo estaba cachondo perdido, hacía tiempo que no me dominaban de esa forma, y mucho menos sin esperarlo.

Cuando no podía más y empezaba a gemir demasiado fuerte, entró Kevin diciendo “¿qué ya no estoy invitado a vuestras fiestas?” y mientras decía eso se quitó los slips blancos que llevaba y me metió su verga en la boca hasta la garganta y empezó a follarme la boca tan profundo y tan fuerte como era capaz.

Cuando Kevin lo vio conveniente me sacó la polla de la boca y vino hacia mi espalda donde seguía Pierre jugando, escuché como una tela se rasgaba (y más tarde descubrí que eran los bóxers de Pierre que Kevin había “abierto” por detrás para dejar su culo al aire). Empezó a reírse y añadió “no pierdes el tiempo ehh”, yo no podía mirar porque estaban detrás de mi, pero lo que pasaba es que Pierre llevaba unas bolas chinas dentro de él, que Kevin le sacó para poder follárselo. Mientras, Pierre me sacó la polla por completo del suspensorio para poder chupármela y pajearme, mientras me seguía follando con el dildo. Pierre se ahogaba entre mi pene y sus gemidos por la follada que le estaba dando Kevin. Cuando Kevin lo vió suficiente, obligó a Pierre a ponerse de espaldas a mi (culo contra culo), me sacó el dido que tenía en el culo y me metió otro distinto (que no se tampoco de dónde lo sacó), pero no era un dildo normal sino que tenía dos cabezas, nos metió una punta a cada uno y nos hizo follarnos el uno al otro con el dildo, mientras el se pajeaba y nos azotaba de vez en cuando.

Nos tuvo un rato así hasta que estuvo a punto de correrse, momento en el que nos movió y nos puso las caras juntas para correrse sobre ambos a la vez. Cuando se hubo corrido entre gemidos y bufidos, se agachó para tener nuestras pollas cerca y empezó a pajearnos para obligarnos a corrernos, los 2 bajo su “mando”. Ninguno de los dos fuimos capaces de aguantar el ritmo que llevaba y nos corrimos copiosamente a la vez.
Nos duchamos y vestimos (me habían preparado un traje precioso de chaqueta y pantalón con una camisa de lino, que también me regalaron) para cenar. Habían preparado un banquete magnífico, regado con vino de la Rioja, y pasamos una velada muy entretenida. Hasta que nos acostamos.

Al día siguiente cuando nos levantamos desayunamos y me llevaron al mismo aeropuerto en el que me había recogido unos días antes. Me pagaron la cuenta, con varios extras, porque según palabras suyas, les había dejado muy satisfechos con mi trabajo.

Después de esta historia tampoco no me pasó mucho por los problemas que tuve, que me han obligado a “retirarme” por un par de meses del negocio. Así que bueno, mis disculpas otra vez, espero poder escribir más a menudo ahora que todo está solucionado.

Un saludo a mi queridos lectores.

Ciao

jueves, 1 de septiembre de 2011

5. Le petite Voyage (I)

Para la publicación de hoy, creo que os contaré uno de los planes que he tenido estas vacaciones y una de las razones por las que no he publicado todo lo que he querido. El caso es que una pareja me contrató para unos días en una casa rural en los Pirineos.

La pareja estaba formada por un cubano, muy majo y agradable, de unos 32 un cuerpo bastante fibrado, pelo moreno, ensortijado y una piel color chocolate. Tenía unos labios carnosos y gruesos y unas manos enormes. Se llama Kevin. Y su novio, un francés llamado Pierre, con el pelo castaño claro, los ojos color miel, de 190 cm y con un tatuaje en la espalda de una mariposa como las de las lámparas de L.C. Tiffany (hijo del fundador de la firma delante de la cual Audrey Hepburn suspiraba en “Desayuno con Diamantes”).

Esta pareja contactó conmigo diciéndome que les gustaría contratar mis servicios para una semana en los Pirineos franceses. Que iban a pasar unos días en una cabañita en el monte y que creían que mi compañía haría el viaje bastante más interesante. Me pagaron el pasaje de avión hasta Tolousse, y de allí el tren hasta un pueblecito al que fueron ambos a buscarme en coche.

La razón de la invitación fue que era el cumpleaños de Pierre y Kevin había decidido hacerle un regalo especial, además del viaje, una persona “experta en las artes amatorias” (palabras textuales de cómo me definió) que se ajustase a las preferencias de Pierre. Estaba encantado, le había parecido un regalo muy original y versátil (y no, no sólo sexualmente, malpensados).

Todo empezó en el viajecito en coche, Kevin sugirió que mientras el conducía se la comiese a Pierre (porque al parecer siempre había querido que se lo hiciesen en un coche en marcha). Así que nos sentamos en los 2 asientos de detrás y me puse a ello, primero besé a Pierre en la boca y empecé a morderle el cuello hasta que empecé a escucharle gemir y entonces le agarré la bragueta del pantalón, se lo desabroche y se la saqué (me pareció curioso que no utilizase ropa interior, es un tema que aún no entiendo, con lo cómodo que se va llevando, ¿por qué la gente prefiere ir “en plan comando” como decía Joey en Friends”?). Tenía una polla de tamaño medio (unos 17-18 cm), más bien gruesa, circuncidada, y perfectamente depilada, parecía que no le había salido un pelo aún. Empecé a lamérsela despacio  para que se recrease y para que yo pudiese paladear ese manjar. Estuve un poco así mientras le escuchaba gemir (cada vez más alto) y le veía como echaba la cabeza hacia atrás. Hasta que al final me la metí entera en la boca y empecé a chupársela. Él me agarro la cabeza por el pelo y me movía la cabeza, fuerte y rápido, mientras soltaba palabras en un francés que no llegaba a entender. Empecé a notar como todo su cuerpo se iba tensando y agarrotando, su corrida estaba cerca. Así que me limité a seguir chupándosela hasta que por fin se corrió en mi boca con un sonoro orgasmo, que hizo hasta que Kevin se girase. Con disimulo saqué un pañuelo y escupí la corrida de Pierre y saqué un botecito de mi neceser de viaje para enjuagarme (es un bote con un desinfectante de boca buenísimo). Cuando acabé de asearme (lo cual fue un tanto complicado porque seguíamos en el coche y me tocó, entre otras cosas, escupir el enjuague por la ventanilla), Pierre con una sonrisilla picantona en la boca dijo –creo que va a ser una semanita interesante-. Y dicho esto me besó y me agarró el paquete.

  Seguimos nuestro camino ya por carreteras secundarias, y de repente Kevin dijo que tenía que parar que necesitaba mear. Nos bajamos todos a estirar las piernas y se encendieron un cigarro cada uno, y yo les acompañé.

Kevin se me acercó y me dijo:-creo que no me he equivocado en contratarte. Ya he visto que has hecho un buen trabajo con Pierre, ¿qué tal si ahora lo haces conmigo?- dicho esto me hizo que me desnudase y me pusiese de rodillas. Se bajó la bragueta y se la sacó, yo empecé a chupársela hasta que se puso dura, era una señora polla morena, circuncidada pero muy bonita. Empecé a chúparsela, le escuchaba gemir de gusto y cuando levanté la cabeza vi que Pierre se la estaba cascando, y empecé a chupársela también. era increíble el poder que ejercía sobre ellos. En este momento Kevin me indicó que abriese la boca, después de acariciarme la mejilla dulcemente empezó a mearme. Era algo que nunca había hecho, pero tampoco me importó, ya estaba preparado para ese tipo de cosas. De su polla salía un chorro fuerte de pis, amarillo que entraba directamente en mi boca y yo iba dejando que se rebosase. Pierre al ver la escena se arrodilló a mi lado (os recuerdo que el único que estaba desnudo era yo) y empezó a comerme la boca mientras Kevin nos duchaba a ambos.

Cuando acabó de mear nos metió la polla entre las 2 bocas para que se la chupásemos. Fue entonces cuando empezó a gemir de verdad. No tardó mucho en pararnos, porque dijo que no es eso lo que tenía en mente, me puso de pie, y me tumbó bocabajo sobre el capó del coche. Me separo el culo y escupió dentro, se puso un condón y me la metió sin pensárselo. Fue brutal, una sensación que no había sentido nunca (normalmente cuando me follan otros clientes suelo estar preparado y me dilato yo sin que se enteren o ellos juegan con mi culo, pero él no, me la metió directamente). Empezó a follarme salvajemente, entrando y saliendo, mientras me daba azotes. Aquello era genial, pero de repente mejoró, entre mis piernas empecé a notar movimiento, era Pierre, que empezó a chuparme la polla mientras Kevin me follaba. Madre mía ¡¡¡cómo hacía el francés el francés!!!. Kevin empezó a follarme cada vez más rápido y con más fuerza, se notaba que estaba a punto de correrse y Pierre me estaba dejando la polla pulida, no pude más y avisé de que me corría. Descargué sobre la cara de Pierre, y justo en ese momento Kevin me la sacó y se corrió en mi espalda, y me dijo que no me moviese. Entonces Kevin, recogió parte de su corrida de mi espalda con 2 dedo se los metió a Pierre en el culo mientras que con la otra mano le empezó a masturbar. En menos de 10 segundo Pierre se estaba corriendo sobre mi culo con un sonoro orgasmo.

Nos arreglamos lo que pudimos y nos metimos en el coche. No tardamos más de 15 minutos en llegar a la casa. Donde pasé unos días fantásticos, pero que contaré en varias publicaciones para no hacer una eterna.

Un saludo mes amis y gracias otra vez por leerme.

CONTINUARÁ...


miércoles, 17 de agosto de 2011

4. La Prostitución y El Vampirismo


La vida resulta curiosa, ¿no creéis?. Estos días en los que no dispongo precisamente de tiempo libre, ya que la gente coge vacaciones y se dedica a las cosas que les gusta (sobre todo follar) tengo la agenda especialmente llena. Pues en uno de mis encuentros me pasó una cosa relativamente curiosa, que fue la siguiente:

Estaba yo perfectamente preparado para una batalla (con una camisa de lino y unos pantalones de pinza, la noche era cálida e invitaba a ir fresco) con un hombre de unos 36 años. Cuando le vi no me pareció el típico que recurría a los servicios de alguien como yo (después de varios años dedicándome a esto aún me sigo asombrando, ¿seré tonto?). Bueno, pues el hombre era alto, castaño, y peinado con la raya en medio, con hoyuelos en las mejillas, dentadura perfecta, ojos negros profundos, dulce al hablar y muy correcto. Iba perfectamente arreglado y elegante, a la par que sencillo. Nos juntamos en la puerta del Teatro Real y llegamos ambos perfectamente puntuales a las 22.00. Cuando nos saludamos no le noté para nada preocupado o tenso, fue algo que me chocó, porque ya digo que no tenía pinta de ser un habitual.

Fuimos a un acogedor restaurante escondido entre las calles de Ópera, donde me invitó a una copa de vino para ir habituándonos el uno al otro. Me contó que era filólogo, y le interesaba mucho el tema del decadentismo del siglo XIX. Estuvimos hablando alrededor de una hora (a algunos hombres les cuesta entrar en materia y yo cortésmente les permito que se relajen y amolden la situación a sus gustos y necesidades).

Bueno pues descubrí que mi filólogo estaba haciendo un trabajo sobre “la prostitución y el vampirismo”. Un tema que me dejó bastante perplejo, se dedicó a comparar a las prostitutas y a los vampiros desde el XIX hasta el momento, haciendo unos paralelismos muy curiosos. Me contó que ambos grupos estaban entrelazados por temas como el egocentrismo y la soberbia, que ambos pensamos que estábamos por encima y que controlamos a muestras presas. Todo para conseguir nuestro botín, en unos casos dinero y otros la sangre, que es nuestra fuente de vida. Visto así es bastante lógico, verdad y se ve muy claro una vez te lo cuentan, pero yo no lo había visto o no lo había querido ver.

Me contó que después de tener tanto trato con las prostitutas en los libros, el cine y el arte en general, que había empezado a relacionarse con gente del gremio, aunque no siempre la relación acabase en cama.

Mi filólogo me tenía intrigado, había sido capaz de unir algo tan terrenal y vulgar como somos las putas con algo del imaginario popular como son los vampiros. Además ese aire de intelectual y bohemio me estaba volviendo loco. No había sentido eso desde la universidad, y la verdad es que me encantaba. Me estaba poniendo a cien, pero no dejaba de hablar y hablar, el problema es que no me parecía aburrido, sino que me estaba poniendo malo. 

Después de un rato así, acabé diciéndole -me parece muy interesante lo que me cuentas, de verdad, pero ¿no quieres acostarte conmigo?, después de todo has pagado por eso.- 
Él me contestó que en esta ocasión no le era necesario acostarse conmigo, pero que me necesitaba para su trabajo, que si me importaría que me estudiase y quedar conmigo más veces. Aquí quizá pequé de directo, ya que le contesté, que yo era la puta y que haría lo que me pidiese, después de todo él era quien pagaba. No estoy muy seguro pero me pareció ver una sonrisilla cuando le dije eso, pero quedó demasiado bien disimulada... 

La reunión no terminó mucho después, pagó lo que habíamos tomado, salimos a la calle y me pagó a mi, y nos despedimos. Fue muy correcto y me dio la mano, pero cuando se la di yo, tiró de mi hasta que choqué contra él y me dijo al oído -vamos a ser grandes amigos, y vamos a pasarlo muy bien me parece- y mientras decía eso con la mano que le quedaba libre me agarró la polla y la apretó. 

Fue bastante raro, la verdad pero estoy intrigado con cómo se desenvolverá la historia y hasta dónde llegará. Además uno no siempre se convierte en objeto de estudio para un trabajo. Y por si fuera acabé tan cachondo que estoy deseando que me vuelva a llamar para poder follar con él.

(espero que no os moleste a ninguno que utilice un fotograma de la película "Entrevista con el Vampiro", creo que es la viva imagen de la elegancia y belleza vampírica)

jueves, 11 de agosto de 2011

3. Fantasías y regalos


Hola a todos otra vez, siento haber tardado tanto en escribir, pero es que ahora en verano uno tiene mucho trabajo, con la tontería de que son las vacaciones, pues todo el mundo está libre y necesitan “entretenerse”… En la anterior publicación me quedé en la pérdida de mi virginidad, y creo que para hoy debería contar la primera vez que alguien me pagó por acostarme con él.

Como ya conté, perdí la virginidad relativamente tarde (dado que mi entorno ya la había perdido antes de entrar en la universidad) con un amigo. Entre nosotros todo siguió igual, como también dije. Mi vida en la universidad iba pasando poco a poco, iba aprobando asignaturas, conociendo gente, viajando, aprendiendo cosas nuevas, acostándome con gente nueva también… lo normal, vamos.

Sólo había una cosa que se me había resistido, acostarme con un hombre más mayor que yo. Y cuando me refiero a hombre no me refiero a un hombre de 28-29, sino a uno de 40-50… (fantasías que tenía uno entonces, qué quereis que os diga).

Cómo es lógico que penséis es algo fácil de resolver, te metes en internet y voila, puedes elegir de todos los tipos que quieras, y cuando reuní el valor necesario (algo que yo creo que todos hacemos cuando nos enfrentamos a algo nuevo o que no hemos probado, ya sea comerse una alcachofa o tirarte en paraicadas, lo nuevo siempre nos resulta extraño y nos impone).

Bueno, el elegido para esta ocasión fue un hombre de 45 tacos, uno detrás de otro. Al que llamaremos Pedro. En sus fotos de perfil aparecía trajeado, y las de cuerpo, mostraban a un hombre musculoso, con un par de tatuajes no demasiado llamativos, que quedaban perfectamente disimulados con la camisa y la chaqueta.

Pedro vivía en el norte de Madrid, en la zona de la Moraleja, en una casa de estas de revista: un jardín enorme con piscina, enormes cristaleras, todo tipo de habitaciones, gimnasio con piscina cubierta, zona de servicio… un palacio casi. Cuando yo aparecí allí (llegué con un taxi que me había pagado Pedro) con mis pantalones vaqueros rotos, una camisa de franela de cuadros, recuerdo que lo primero que pensé fue “¿qué cojones hago aquí?, ¿dónde me he metido?”. Llamé al timbre y me abrió la puerta un mayordomo que me condujo directamente a un salón y me preguntó si quería tomar algo. Yo estaba tan alucinado que le pedí un vaso de agua, que me trajo casi instantáneamente.

Al poco apareció Pedro (con el tiempo me he acostumbrado a estas entradas efectistas que se utilizan algunos para darse importancia. Personalmente me parecen innecesarias, pero a veces son divertidas, sobre todo cuando quien hace la entrada lo hace vestido de manera estrafalaria, como por ejemplo con una bata de seda, fumando en pipa o algo de eso… hay gente que se cree un Dandy sacado de A Rebours), lo hizo llevando una camisa de lino blanca y unos pantalones de vestir negros. La camisa sugería su cuerpo escultural, cuyos músculos se marcaban con cada movimiento. Nada más verme se quedó extrañado de que estuviese bebiendo un simple vaso de agua, y rápidamente sacó una botella de cava (que más tarde me contó que provenía de una bodega propia del norte de Barcelona).

Estuvimos un rato charlando de temas triviales, y un poco de actualidad, lo que viene a ser normal vamos. Al rato me invitó a dar una vuelta por la casa para enseñármela (aquí fue cuando descubrí todo lo que escondía Pedro en esta “humilde” morada). Acabamos en la piscina cubierta, que daba al jardín a través de una enorme cristalera, y me invitó a bañarme. Yo le dije que no tenía bañador y que no podía bañarme. Me miró, desnudó por completo y saltó al agua. Cuando vi esta escena ante mi, no podía dejar de alucinar, entre el sitio, el cuerpo de mi anfitrión y la situación, me pareció todo completamente alucinante. Una vez más, Pedro me invitó a bañarme, y esta vez sí que empecé a desnudarme, aunque no tan rápido como él, ya que se veía que para él era algo normal, pero a mi me había dejado tan impresionado que estaba completamente empalmado. Por lo que me tocó disimular con mi tardanza por si bajaba el tema, pero no había forma.

Al ver que tardaba, Pedro salió del agua, vino hacia mi y me dijo que no me preocupase, que ya me desnudaba él. Yo me puse más nervioso cuando noté sus manos fuertes y húmedas sobre mi cuerpo y mucho más cuando empezó a desabrocharme el cinturón y bajarme el pantalón. Obviamente vio mi erección y sonrió mientras decía –vaya vaya, ¿ya estás preparado?, esto es lo que más me gusta de los jóvenes- yo estaba rojo como un tomate, pero no tuve tiempo para reaccionar porque me sujetó la cabeza y empezó a besarme.

Después de eso, os podéis imaginar cómo fue el resto, me encontré con un hombre experimentado y sin tapujos en la cama. Cuando digo tapujos, en este caso no me refiero a perversiones más o menos extrañas, sino que rehusaba las etiquetas, para él alguien en la cama no podía limitarse a ser únicamente activo o pasivo, sino que me invitó a intercambiar roles, lo cual para mi estaba totalmente fuera de lo común. Yo me había acostado con hombre siendo activo o pasivo, pero siempre siendo uno de los papeles, no intercambiándolos.

Fue un gran polvo, él tenía un pene perfecto, largo, rosado y grueso. Consiguió penetrarme sin ningún tipo de esfuerzo, ya que me había dilatado perfectamente con el uso de su lengua y sus fuertes dedos… y cuando me dijo que se la metiese yo, tampoco me costó ningún esfuerzo ya que él solo se había dilatado. Tenía un culo duro, como una sandía… cada vez que me acuerdo… puff

Cuando acabamos me invitó a otra copa de vino y me preguntó a qué hora me gustaría irme para tener al taxi preparado para que me volviese a llevar a donde yo quisiese. Estuvimos un par de horas hablando y cuando vi oportuno me dije que avisase al taxi para volver a mi casa. Estaba cansado y no pretendía quedarme a dormir en la casa de alguien que acababa de conocer. Así que me vestí y cuando llegó, cogí el taxi. Cuando me monté, noté algo raro en uno de los bolsillos traseros de mis pantalones, metí la mano y era un sobre. Mi extrañeza se convirtió en sorpresa cuando lo abrí y encontré un nota junto con 200 €. La nota era la siguiente:

Diego, espero que no te sientas ofendido por este dinero, es un regalo que hago a los chicos con los que me he divertido y he estado a gusto. No te lo tomes como un pago por tu compañía, sino como el dinero de una cena que no hemos tomado.
Espero que tú también hayas disfrutado de nuestro encuentro. Me encantaría que se repitiese este encuentro.
Un cordial Saludo
P.

Yo no era capaz de reaccionar, mi último encuentro sexual me había pagado el taxi de ida y vuelta a su casa, una casa espectacular, habíamos echado un polvazo y encima me daba 200 €.  En esos momentos sólo pensaba “coño, hoy es mi día de suerte”. Pero poco a poco se fue abriendo en mi mente una nueva imagen “y si este se ha pensado que soy un puto”. Y al final fue esta la que se quedó. Al día siguiente le llamé varias veces y cuando conseguí hablar con él le pregunté qué es lo que significaba ese dinero, a lo que me respondió –ya te dije que no ofendieses, es solamente un regalo. No tienes que sentirte molesto, considéralo una ayuda que te doy por lo bien que me lo he pasado contigo para pagarte algún capricho- y con las mismas me despidió y colgó. 

Y ahí estaba yo, un mocoso que se había tirado a un madurito y que este le había dado 200 eurazos a cambio. Como es lógico no me dediqué a la prostitución nada más recibir este sobre, pasó un poco más de tiempo hasta que lo hice profesionalmente o por lo menos tuve la intención de hacerlo.

Bueno, un placer que me leáis como siempre, a ver si la próxima publicación no tardo tanto en hacerla, y ya cuento algo más actual, y no de hace 6 años... que acaba siendo un verdadero coñazo recordar cada detalle... espero que estéis pasando unas buenas vacaciones