En la anterior publicación os hablé de una pseudo-relación que tuve, y supongo que os preguntareis si he sentido o he experimentado eso que llaman “amor”. Pues bien, la respuesta es “sí”. Por supuesto que he sentido esas famosas mariposas en el estómago y el vuelco que da el corazón cada vez que ves a la otra persona. Y a decir verdad es una de las historias más bonitas y dolorosas que he experimentado jamás.
Todo pasó durante mi Erasmus en París, una ciudad preciosa y perfecta para un romance. Para empezar os diré que la historia no acabó por el fin del ese Erasmus. No nos separó la distancia sino algo mucho más peligroso. Los celos.
Fui a París como todo estudiante universitario, a aprender la lengua, disfrutar de las costumbres y conocer gente nueva y tener unas experiencias.
Vivía en una pequeña habitación (para nada barata, ¿pero a caso hay algo barato en París?) en Montmatre, cerca del Sacré Coeur. Siempre me gustó la decadencia y el atractivo de ese barrio, además ¿había otro sitio mejor para un joven estudiante/prostituto como yo?, sí, aunque me fui a París no cambié mi estilo de vida, era joven, no hacía mucho que me dedicaba a ello y además París me ofrecía una cantidad de nuevo clientes que aún no había podido probar. Puesto que estaba decidido a vivir la auténtica vida de bohemio decadente mi precio como prostituto era muy barato, accesible a todo tipo de clientes, desde jóvenes a adultos.
Así fue como le conocí, un joven medio latino, que vivía muy cerca del Cementerio del Père-laChaise. Tenía mi misma edad. Un chico guapísimo, dulce, creativo, inteligente…con unos labios carnosos y suaves, (me volvían loco)… tendríais que ver su cuerpo el mejor que he visto nunca, no era un cuerpo escultural, pero era un gran cuerpo (¿de qué otra forma puedes ver a alguien a quien amas, si no es perfecto?). Se llamaba Fernand.
Solicitó mis servicios una vez y fue maravilloso, pasional, físico, pero también sentimental, uno de los mejores polvos que he tenido. De hecho fue tan bueno que repetimos bastante a menudo, se convirtió en una especie de cliente habitual. Pero era especial, cada vez que quedaba con él, no todo se reducía al sexo. Por eso era tan especial, creo yo…
Él era un verdadero artista, y cada arte que tocaba la convertía en una virtud: pintaba, esculpía, tocaba el violín, la guitarra y el piano, escribía, hacía fotografías… era fantástico. Podía permitirse esta vida de pseudo-bohemio porque tenía unos padres muy bien posicionados y que le daban bastante dinero para vivir, además hacía trabajillos artísticos aquí y allá y continuamente aumentaba sus fondos.
Convertía nuestras sesiones en verdaderas sesiones de arte. Me dibujaba, tocaba música para mi, leíamos poesías… no era artificioso, como puede parecer, al contrario, era perfectamente natural, erótico… lo era todo.
Había semanas que entraba en crisis simplemente porque no me llamaba o porque se retrasaba. Necesitaba esas sesiones con él. Llegó hasta tal punto que continuamente dejaba olvidados sus pagos. Dejé de cobrarle las sesiones, pues no quedaba con él por el dinero, sino porque realmente quería, y me di cuenta que él también.
Ya no solo quedábamos en su casa o en hotelillos, sino que lo hacíamos también en mi casa, incluso pasábamos noches juntos. Con él el tiempo se detenía, nos dejábamos dominar por las pasiones y el arte a la luz de las velas y el vino. Tanto era capaz de dejarme llevar que empecé a descuidar mi “trabajo”. Llegaba tarde a las citas, no aparecía arreglado o mi mente estaba en otro sitio mientras me acostaba con los clientes. Muchas veces me vi obligado a devolver el dinero a algunos que quedaron insatisfechos.
Yo intentaba ocultarle esta vida a Fernand, aunque fuese esta la forma en la que nos habíamos conocido, ya que cada vez que se enteraba de que tenía una nueva cita o que no podía verle por “trabajo” entraba en cólera. Se volvía loco de celos, aunque no me lo mostrase abiertamente e intentase hacer como que no pasaba nada, sabía que aquello le corrompía.
Muchas veces incluso le mentía diciéndole que iba a un café con algún amigo para que no sintiese celos. Pero ni eso era capaz de calmarlo, empezó la costumbre de seguirme y espiarme, más de una vez me lo encontré en el portal de alguno de mis clientes, a la entrada o a la salida.
Sólo llevábamos unos meses juntos, pero parecía que llevásemos toda la vida, yo… le amaba, pero a la vez no podía soportar su continuo acoso. Él sabía a qué me dedicaba, incluso antes de empezar una relación conmigo, ¿por qué le constaba tanto entenderlo ahora? ¿por qué no entendía que aquello era solamente trabajo?, de la misma forma que él vendía dibujos en la calle, o tocaba su violín en las esquinas, en definitiva, su alma, yo vendía mi cuerpo.
La situación de celos se alargó durante 2 meses, en los cuales, el marcaje ya era insoportable, cada vez que salíamos juntos a la calle me agarraba como agarras a un perro para que no vaya a olisquear a otros. Me preguntaba por cada persona que nos miraba por la calle, sin que entendiese, que en realidad nos miraban por su actitud, la cuál era caricaturesca, parecía el mismo Pantalone (el personaje de la Commedia dell’arte).
Como es lógico pensareis, ¿por qué no dejaste tu trabajo si tanto le amabas?
Después de todo… por amor se hacen las mayores “locuras”.
Pues el caso es que así fue, lo dejé. Pero creo que fue demasiado tarde, los celos ya le habían consumido y su confianza en mi había desaparecido, seguía pensando que me seguía acostando con cualquiera por una miseria.
Llegó el momento en que simplemente me odiaba, y todo se convertía en motivo de bronca: que no encontrase resina para su violín, porque yo se la había cambiado de sitio; que la arcilla que utilizaba estaba demasiado seca, porque no la había dejado en remojo el tiempo necesario… hasta la cosa más nimia era un drama digno de hacer una ópera. Todo empezó a cambiar, ni me besaba como antes, ni el cariño que me daba era el mismo.
Empecé a distanciarme, ya no buscaba excusas para estar con él, sino al contrario, las buscaba para alejarme. Algo que no venía muy bien porque seguía pensando que lo hacía para seguir acostándome con otros…
El final… tampoco hay que tener muchas luces para saber cómo acabó… fue una ruptura bastante gorda, y no precisamente sencilla. Me rompió el corazón, pero no así mis ganas de amar. Siempre he considerado el amor una de las cosas más importantes del mundo. Por supuesto siempre apoyado en la mayor sinceridad y complicidad…
También tengo algo claro, nunca hay que arrepentirse de lo que uno hace o ha hecho nunca. Todos acabaremos encontrando a ese alguien especial y que nos acepte tal y como somos.
Después de nuestra separación, no volví a ver a Fernand durante el tiempo que me quedó en París, no fue hasta años después cuando supe de él, se había convertido en un importante músico del panorama parisino e internacional. Siguió haciendo obras fantásticas, y expuso incluso en NY. Siempre supe que era una persona con mucho talento, por lo tanto no me extrañó que se convirtiese en alguien tan importante tan rápido. Ahora tiene un novio con el cuál lleva más de 3 años.
