Hace unas semanas fui contratado por otro hombre. El tío no era de muchas palabras, tenía claro lo que quería y cómo lo quería. Así que acordamos cómo, cuándo y dónde sería nuestra cita y se acabó. La verdad es que era muy escueto todo, se notaba que había estado con prostitutos antes y hacía las cosas de forma directa y sin dar rodeos, tal y como a mi me gusta.
Me pidió que apareciese en su casa vestido de chándal, sin ropa interior y a poder ser después de haber sudado. Me dijo que le iba mucho el cerdeo, así que me preparase. Cuando llegase a su casa y llamase al timbre de la puerta tenía que ponerme de rodillas y entrar a gatas.
Y así lo hice. Llame al timbre y me agache. Al poco un hombre robusto, que se notaba que había pasado mucho tiempo en el gimnasio pero que lo había dejado también hacía algún tiempo, por la cantidad de músculos descolgados, abrió la puerta. Tenía una pinta desaliñada, pelo más o menos cano, los abdominales se empezaban a concentrar en uno solo, grande y redondo. Yo le echaba unos 40 años.
Me hizo una señal para que entrase (a gatas) y le seguí hasta el salón. Él se sentó en un sillón de cuero y se quedó mirándome. Me hizo una seña para que me acercase un poco más. Me agarró del pelo y me escupió a la cara, añadiendo “espero que valgas el precio tienes putita”, y me besó. Me empujó la cabeza hacia sus zapatillas para que se las quitase. Estaban viejas, rotas y olían a sudor. Cuando se las hube quitado me obligó a meter la cara en ellas diciéndome que esto era un verdadero regalo y que tenía que agradecerle que me dejase oler sus zapas. De un golpe me tiró de espaldas al suelo y se levantó. Vino hacia a mí y me puso un pie en la cara y haciendo fuerza para metérmelo en la boca. No hace falta que diga que le olían los pies a sudor rancio, se notaba que llevaba sin cambiarse de calcetines unos días. Le chupe los calcetines hasta que estuvieron bien mojados. Entonces, el tio se los quitó y me los metió en la boca justo después de escupirme. Y me puso cinta aislante para que no se me saliesen.
Me volví a poner a cuatro patas el tio me azotó fuerte y me dijo que iba a mirar cómo estaba la mercancía. Así que empezó a meterme mano. Pareció que le gustaba el tamaño de mi paquete y la forma de mi culo porque empezó a meterme la mano por dentro del pantalón para tocarme en profundidad. Me hizo subirme a la mesa del comedor y me bajó los pantalones dejándomelos por las rodillas. Acto seguido metió su cara entre mis nalgas para comerme el culo. Iba alternando lamidas y golpes de lenguas con azotes, en una y otra nalga. Me dijo que hacía tiempo que no encontraba un culito como el mío. Sacó la cara de mi culo y se fue hacia un cajón cuando volvió me puso un antifaz para que no pudiese ver nada. Y empezó a decirme que esperaba que se me diese bien dilatar porque si no lo iba a pasar un poco mal. Me soltó otro azote el culo y empecé a escucharlo hacer un sonido bastante desagradable que solamente he escuchado hacer a mi abuelo cuando iba a escupir. Y efectivamente escupió en mi culo. Dijo que él pasaba de usar lubricante, que Dios nos había dado saliva y mocos para esas cosas. Seguidamente noté como algo bastante ancho empezaba a hacer presión en mi culo intentando entrar. Yo no sabía cómo de grande era, pero sabía que el tío no iba a esperar a que dilatase, más que nada porque le notaba como iba empujando con más y más fuerza. Así que me relajé y al final entró. Era enorme un plug que poco más y me destroza al entrar del todo. Pero no podía gritar porque tenía la boca llena de calcetines sudados.
-vaya, ¿no te ha gustado? ¿no estás empalmado? Eso no me gusta, voy a tener que ponerle remedio.
Con esas palabras empezó a sobarme la polla, como si fuese la teta de una vaca, más que masturbarme me estaba ordeñando. Y como es bien sabido, el roce hace el cariño y me acabé empalmando.
-así me gusta, y ahora para que no se te baje esto… así muy bien. Y me colocó un cockring, el más apretado que he llevado nunca… notaba mi polla a reventar.
Se acercó hasta mi cara y dijo –pues a mi si me está gustando esto mira- se bajó el pantalón y empezó a pasarme todo su paquete por la cara. La polla le olía mucho peor que los pies. Me daban arcadas de pensar que tendría que meterme eso en el culo y mucho más si pensaba que lo tenía que hacer con la boca. Se acabó sacando la polla de los calzoncillos y empezó a darme pollazos en la cara –¿la sientes? ¿te gusta? Seguro que ya estás pensando en cómo te voy a follar, pero sólo si eres una putita buena. Me quitó la mordaza improvisada y me metió la polla en la boca. Empezó a follarme la garganta sin compasión, me costaba respirar y no ahogarme. Me daban arcadas y si intentaba sacármela él hacía más fuerza. Notaba como se me iba cayendo la saliva de la boca porque no podía tragármela. Cuando se cansó me hizo bajar de la mesa y ponerme de rodillas en el suelo con la boca abierta. En ese momento me puso una mordaza especial para mantener la boca abierta. Me volvió a escupir en la boca y me hizo tragarlo. Me quitó el antifaz y pude verle completamente desnudo, con la polla dura y mirándome. Me puso unos grilletes en las manos en la espalda y me dio una patada en el plug que noté bien dentro. Volvió a ponerse delante de mí y me regalo otro par de lapos en la cara. Y me ordenó que no me moviese. Empezó entonces a mearme entero, desde la cara a la polla, el pelo… acabé completamente empapado de su meada, y parecía que no acaba nunca. Era un chorro potente que acabó dirigiendo a mi boca, yo dejaba que se escurriese fuera, pero cuando se dio cuenta me ordenó tragármelo diciendo que era oro líquido y que tenía que guardarlo para mí. Cuando acabó me metió la polla en la boca para que le limpiase el capullo y volvió a follarme la boca. iba alternando las embestidas con escupitajos en la cara, en la boca, en el pelo…
Cuando se cansó vino a mi espalda y me empujó, lo hizo con tanta fuerza que me caí de cara al suelo, una buena hostia me pegué, la verdad. Me quitó el plug de culo, lo cual fue un alivio y volvió a “ordeñarme” con una mano mientras que con la otra me iba metiendo dedos en el culo y me escupía. Cuando se cansó de meterme dedos, me los sacó y empezó a darme golpecitos en las pelotas y a agarrármelas y a tirar. Yo no hacía más que quejarme, empezaba a ser insoportable.
-no pienso parar de sobarte la polla hasta que te corras, que lo sepas.
Siguió y siguió y de tanto roce ya no pude más y me acabé corriendo. En ese momento él se puso un condón recogió toda la corrida y se la puso en la polla. Y de un golpe me la metió hasta el fondo. Se me saltaron las lágrimas del dolor, el tío embestía y embestía y mientras me azotaba con todas sus fuerzas. Yo le escuchaba resoplar y me dolía el culo tanto por sus embestidas como por sus azotes. Al final acabó corriéndose dentro de mi y se dejó caer encima de mi. El peso era brutal, le escuchaba respirar.
-¿te gusta mi polla dentro de ti verdad?
Yo empezaba a notar cómo le bajaba la erección. Acabó sacándomela del culo, se quitó el condón lleno de lefa, y lo escurrió sobre mi cara y mi pelo, y me lo extendió con la mano por toda la cara. Me escupió otra vez en la boca y me quitó la mordaza.
Me soltó las manos y me dijo que cogiese mi dinero y me pirase. Miré encima de la mesa y vi que el muy cabrón había dejado el dinero debajo de mi mientras me follaba la garganta al principio y por lo tanto estaba cubierto de saliva. Lo cogí como pude y le pregunté si me podía dar una ducha.
Me miró y añadió: -¿te crees que esto es un hotel? Vístete y lárgate puta.
Así lo hice, me puse el pantalón, y cuando salí de la casa me quité la camiseta que no me había quitado y estaba aún empapada de meado. Y me tapé con la chaqueta y el abrigo. Por suerte llevo siempre un bote de desodorante de viaje en el abrigo, me rocié y llamé a un taxi.
Cuando llegué a casa me di 3 duchas seguidas hasta que me sentí limpio.