domingo, 27 de noviembre de 2011

8. Heteros Curiosos

En esta nueva publicación me gustaría hablar de un tema bastante típico del panorama homosexual, los “heteros curiosos”. Todos, estoy seguro, hemos conocido a algún hetero que alguna vez ha dicho “a mí no me importaría probarlo” o que se lía con algún tío una noche y dice “no, si a mí me da igual, a mí me gustan las tías” (suelen añadirle el rascarse los huevos para darle más énfasis). Este tipo de elementos sociales, suelen encontrarse dentro de grandes eventos, sobre todo cuando Dionysos está presente (traducción: estos tíos aparecen sobre todo cuando hay fiestas grandes y alcohol a puntapala), momentos en los que parecen olvidar sus posiciones originales en pro de “investigar y/o curiosear” otras posibilidades.

Como prostituto, sexualmente liberado, podréis pensar que me he encontrado en varias situaciones con heterosexuales curiosos, pues muchos de ellos prefieren pagar para probar algo, que de otra forma piensan que es muy complicado de conseguir o les da más vergüenza, ya que a un prostituto le pagas y hace lo que tú quieras, y “seducir” a otro hombre puede acarrear más trabajo y más consecuencias.

Bueno, la historia de hoy empieza con una llamada de una mujer (sí, una mujer), preguntándome si estaría dispuesto a hacer un trabajito, me informé de qué tipo de trabajo precisaba, pues yo había tenido relaciones con mujeres como prostituto, pero no eran precisamente las que más me interesaban. Me comentó que no era para ella, sino para otra persona (un hombre). Después de definir una serie de detalles más, concretamos una cita para el “evento”. Sería en su casa al día siguiente alrededor de las 21.00.

Al día siguiente fui al lugar dónde nos íbamos a juntar y esperé a que fuese la hora. A las 21.00 en punto (soy muy alemán para estas cosas) llamé al timbre. Me abrieron la puerta y subí las escaleras hasta el piso. Una mujer preciosa, morena, alta y de piernas interminables me abrió la puerta. Llevaba un corsé rojo con encaje negro, un liguero (que sujetaba unas medias finas y negras) y un tanguita a juego. Andaba sobre unos tacones de unos 10 cm. La verdad es que resultaba imponente, la melena negra larga le caía larga, suelta y rebelde sobre sus hombros y espalda, enmarcando una cara fina, con unos labios carnosos pintados de rojo, y unos ojos negros, profundos, y era evidente que eran mucho más llamativos por el rímel y por las pestañas rizadas. Era una completa diosa sexual en la tierra, ningún heterosexual podría resistirse a este monumento.

Me llevó a un salón donde me sirvió una copa de vino, tinto. Y tuvimos una pequeña conversación. Se veía que dominaba la situación y que le gustaba. Yo no podía siquiera pretender dominarla, porque había algo que no entendía, -¿Dónde estaba él?- me faltaba el hombre para el que me había contratado. Esto empezaba a ser un poco raro, a mi no me importaba estar allí charlando con esta mujer, parecía interesante (y me gustan mucho las personas interesantes), pero yo había ido allí para trabajar. Fallaba algo y a mí, eso, no me gustaba.

Pese a que soy bastante bueno ocultando lo que realmente siento (es lo que tiene mi trabajo) después de una hora de darle vueltas a la cabeza pues supongo que era evidente. Y la mujer se dio cuenta, me dijo que no me preocupase que en breves momento entendería todo.

Cuando sonaron las 22.30 en las campanadas del reloj que tenían en la pared, la mujer se levantó y me invitó a seguirla. Así lo hice y me llevó al dormitorio principal de la casa una habitación alumbrada con un par de candelabros de plata con velas altas, las cuales formaban un ambiente misterioso e intrigante. Cuando los ojos se me adaptaron a la leve luz reinante. Descubrí que tumbado bocabajo, se encontraba un hombre desnudo, de aproximadamente 1’75 de altura, no muy peludo, con barba de unos 3 días, y bastante guapo.

La mujer me dijo que él era para quien me había contratado, que era su marido, y que quería experimentar lo que era el sexo con un hombre. En palabras textuales me dijo –hazle lo que quieras, es tuyo, pero procura que sea inolvidable-. Añadió que no tenía permitido hablar, así que no esperase si quiera un “me duele” o “para”. Era totalmente libre para hacer lo que quisiese.

Según me dijo esto, se sentó en un butacón a un lado de la cama para mirar.

Empecé por ponerme cómodo, me quité la americana que llevaba, y la corbata, que usé para vendarle los ojos, y me desabroché un par de botones de la camisa. Para empezar puse un almohadón bajo el hombre (a partir de ahora le llamaré HC (las siglas de hetero curioso), porque nunca supe su nombre) para poder tener su culo más accesible. Empecé dándole un suave mordisco en cada nalga y se las separé para ver su ano. Había sido rasurado recientemente, lo cual agradeces normalmente a nadie le gusta comer pelo (no normalmente). Empecé a dar ligeras lamidas y empecé a ver cómo se estremecía de placer, sin hacer ningún sonido (ya que lo tenía prohibido).

HC empezó a relajarse y a dilatarse, y según se relajaba mis lamidas y lametones se hacían más profundas e intensas. Cuando empecé a ver que no podía más, me metí un dedo en la boca y sin que lo esperase se lo metí hasta el fondo. Pego un gemido de placer, y la mujer se levantó, fue a un cajón y sacó una paletita de madera, no más grande que una pala de ping-pong, se acercó al hombre y con todas sus fuerzas le azotó en el culo con ella, lo que provocó otro gruñido de queja por parte de HC, y una nueva respuesta de pala por parte de la mujer. La mujer me miró y dijo –te dije que tenía prohibido hacer sonido alguno, a partir de ahora serás tú quien le castigue. Él me pidió que le permitiese tener esta experiencia y la condición era que no podía hacer o decir nada, así que tiene que respetar el trato- y con las mismas se volvió a sentar.

Después de este breve in pass continué, fui metiéndole poco a poco uno, dos, tres dedos, quería tenerlo perfectamente dilatado. Y aunque no decía nada, se le notaba que le gustaba, podía ver cómo se iba estremeciendo, y yo me iba excitando cada vez más. Me incorporé y le di la vuelta, quería verle la cara cuando me lo estuviese follando. Me abrí la bragueta del pantalón y saqué mi rabo, completamente duro. La mujer me miraba y empezó a acariciar su cuerpo y a tocarse, era evidente que la situación también le excitaba.

Me puse un condón y escupí en mi polla, para que resbalase más. Después acaricié el cuerpo de mi “víctima” y cuando le tenía pendiente de lo que hacían mis manos se la metí, de un solo golpe, lo que provocó un sonoro y profundo gemido, que la mujer me obligó a castigar. Así pues cogí la pala y le azoté en la zona interior del muslo (es bastante más doloroso que en el culo), y provocó lo que yo quería que se estremeciese y se quejase, lo que me dio la oportunidad de volver a hacerlo, pero el segundo paletazo no tuvo ya ese efecto, así que me pude dedicar a follarle.

Tendríais que haberle visto la cara, la boca completamente abierta intentando coger aire, pero a la vez intentando no producir sonido alguno. El muy cabrón estaba disfrutando, y no sólo su cara lo demostraba, tenía el pene completamente erecto, duro como una piedra, y empezaba a gotear liquido preseminal. Pero a mí me parecía muy pronto para acabar, así que se la saqué, me quité el condón y cogí la paleta, le di la vuelta y le introduje el mango, y mientras lo hacía me acerqué a su boca.

Le acaricié suavemente los labios con la punta de mi pene, y abrió la boca completamente. Para estar más cómodos, le puse de lado. Y le volví a pasar la polla con la cara. Volvió a abrir la boca y sacó la lengua. Empezó, así, a darle pequeños lametones a mi capullo, yo poco a poco fui ejerciendo presión para ir metiéndole la polla en la boca, hasta que la tuvo prácticamente dentro, empecé a follarle la garganta, mientras el me acariciaba el culo en busca de mi agujero, hasta que se dio cuenta de que llevaba puesto el pantalón. Tuve que darle un pequeño bofetón para que se diese cuenta que el que mandaba aquí era yo y que se tenía que estar quietecito. Miré a la mujer, que estaba masturbándose mientras veía la escena. Su cara era también el digna imagen del placer, la cabeza hacia atrás, con su melena suena, los ojos cerrados y la boca abierta… mientras se veía como iba metiendo y sacando sus dedos en su vagina.

Se veía que ambos disfrutaban, cada uno con su parte. Agarré el rabo de HC y empecé a acariciarlo suavemente, arriba y abajo, pasando mi dedo pulgar por la punta húmeda. En ese preciso instante su respiración empezó a cambiar, se volvió más entrecortada, mucho más profunda. Cambié entonces de maniobra, le saqué la polla de la boca y me fui entre sus piernas, empecé a masturbarle mucho más rápido e intensamente, mientras jugueteaba con sus pelotas… no duró mucho tiempo, ya que acabó corriéndose con un sonoro orgasmo, cubriendo su pecho de un espeso semen blanco. Le obligué a darse la vuelta, le saqué la paleta y le azoté por el orgasmo. Me puse otro condón y se la volví a meter, y a bombearle, mientras le seguía pajeando, no me costó ni 2 minutos conseguir que se pusiese como una piedra otra vez.

Mientras me encontraba en esta situación, la mujer se acercó a mí, retiró mi mano de la polla de HC y se la metió en las bragas, me dijo que quería que fuese yo quien la hiciese correrse, y con las mismas fue ella quien agarró la polla de su marido, y empezó a masturbarle igual que lo había estado haciendo yo.

En cuanto metí los dedos en aquel coño húmedo, la mujer empezó a gemir como una loca, era obvio que estaba a punto de correrse, así que le hice un dedo lo mejor que pude, acariciándole el clítoris con el dedo pulgar mientras le introducía el índice y el dedo corazón. Sus gemidos se fueron haciendo constantes y al poco dio uno profundo, y noté un líquido caliente que salía de dentro de ella. Cayó al lado del hombre, al cual me seguía follando, y empezó a chupársela. Empecé a notar cómo contraría el culo, estaba a punto de correrse otra vez, así que empecé a aumentar el ritmo, yo también estaba a punto de correrme, pero quería esperar a que lo hiciese él primero. Le agarré del pelo para levantarle la cabeza y le dí un azote con fuerza. En esta posición, no aguató mucho y volvió a correrse, dentro de la boca de la mujer, con otro sonoro gemido. Yo no pude aguantarme más y después de azotarle (como castigo, otra vez), se la saqué y me corrí por toda su espalda.

Después de respirar profundamente y recuperarme, me limpié el pene, y me lo guardé en los pantalones, la mujer también se limpió, y salimos de la habitación, dejando a HC cubierto de corridas a 4 patas sobre la cama (no sin antes coger mi corbata), suspirando e intentando reponerse aún.

La mujer admitió que estaba muy contenta con mi servicio y que no descartaba volver a utilizarlos en algún otro momento, me dio un suave beso en la mejilla y un abultado sobre con mis honorarios.

¿No es curioso como el típico hetero puede volverse el más sumiso de los pasivos llegado el momento?

Un saludo queridos lectores,

A bientôt 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

amigo me a gustado mucho , no sabia que tambien hacias servicios a mujeres , me a sorprendido , sabes lo de los heteros es verdad lo prueban y luego dicen que no a pasado nada , yo conozco algo parecido , una amiga de mi madre le conto que le permitia al marido ser infiel con hombres por que a ella le escitava ver a su marido con otro hombre

Anónimo dijo...

Bueno, una cosa son las prácticas homosexuales y otra muy distinta tu orientación sexual, acaso no pasa al revés, hombres homosexuales que tienen relaciones heterosexuales y que por ello no dejan de ser homosexuales, el sexo es tan divertido que te da muchos caminos para disfrutar.

De esta historia hay varias partes que me han gustado, el castigo al hombre, el uso del azotador me ha parecido muy bueno, excelente, me hubiera gustado imaginar algún azote mas... pero bueno... asi ocurren las cosas.

Una vez mas,,, enrabado