Como sabréis los sentidos es uno de los temas más importantes dentro del arte. Por ejemplo hasta no hace demasiado hubo en Madrid una exposición sobre “el Joven Ribera”, donde aparecerían algunas de sus representaciones de los sentidos. Es un tema que obsesionaba en el siglo XVII, y que aunque pretendamos aparentar que no es así, aún nos sigue obsesionando y sobre todo relacionándolo con el tema del sexo.
Para empezar en el tema de la vista, nos hemos vuelto especímenes que se mueven por el deseo de lo que vemos (de ahí la enorme industria del porno que encontramos, sólo hace falta teclear “pene”, “polla”, “coño” o “sexo” en internet y tenemos mil millones de posibles entradas relacionadas). El tacto por supuesto es importante, todo el tema del distintas texturas relacionadas con el sexo: desde la propia piel, pasando por la seda, los bordados, el latex, cuero... o hasta los condones tienen distintas texturas para dar distintas sensaciones. El oído, porque ¿a quién no le gusta escuchar un susurro, un gemido o una palabra cómplice? tenemos, además una magnífica colección de canciones provocativas (¿quién no conoce Fever, o Straight to Number one?) ... el gusto, es uno de los más difíciles de relacionar con el sexo, pero por supuesto el sabor de los labios de un amante/amado es lo mejor que puede existir en el mundo, no hay sabor que se le pueda comparar.
Pero el olfato... ¡ay! El olfato es uno de los más especiales, y la historia de hoy habla sobre ello. No es una historia sobre el morbo de los olores corporales (sería demasiado obvio escribir una entrada de alguien a quien le guste oler ropa interior usada o calcetines sucios, conste que no lo descarto en un futuro), esta historia es más fina, más suave (en contraste con las anteriores).
La historia en realidad no me ocurrió dentro de mi “trabajo”, así que en realidad no debería incluirla aquí, pero me parece interesante y lo suficientemente curiosa como para mostrarla.
Conocí al chico en cuestión una tarde en una cafetería, la típica historia, chico-conoce-chico. Me encontraba en un “día libre” tomando una cerveza mientras leía un libro. En ese momento entró un chico en la cafetería, altísimo (cerca del metro noventa), moreno, con barba, bastante impresionante. Y perfectamente vestido, totalmente posh, y totalmente estiloso, se notaba que controlaba de moda y de saber estar.
Me quedé embobado cual quinceañera cuando ve al famosillo de turno con el que ha forrado su carpeta. Desgraciadamente para mi, el chico se dio cuenta de lo evidente y se rió (me puse rojo y escondí la nariz en el libro y esperé a que se fuese o se sentase lejos de mi). Pasados unos minutos me asomé para asegurarme de que estaba “a salvo”, pero no era así, porque él se había sentado en la mesa de al lado de la mía. Un sudor frío me recorrió la espalda, una vergüenza que no sabía cómo esconder. (Aún hoy no entiendo por qué me sentí así, normalmente no soy la persona que se achanta o que se siente así. Suelen decirme que peco de soberbia y orgullo, pero aquí no era capaz de dominarme a mí mismo).
En el momento en el que volví a mirarle, me volvió a ver, sonrió y me saludó presentándose. Se llamaba Alfredo. Yo también me presenté. Y empezamos a hablar, me contó que era un empresario (yo lógicamente mentí y dije que era traductor, y que ahora mismo estaba en paro, normalmente cuando dices que eres prostituto la gente no suele darte una calurosa bienvenida). Estuvimos tomando cervezas y empezamos a hablar para conocernos.
Era un tío realmente interesante, guapo y por lo que dejaba ver a través de su polo verde tenía un buen cuerpo. Me preguntó por qué estaba allí solo, y yo le contesté que hay veces que uno necesita sentirse solo aún estando rodeado de gente, y que además me servía para mi “trabajo” el ver cómo interactuaban unos otros. El me contó que había ido allí a encontrarse con un amigo suyo, pero que justo cuando había llegado a la puerta le había llegado un whatsapp de su amigo que le decía que finalmente no podía ir. (personalmente estoy en contra de esta nueva moda de los mensajes instantáneos y del trato con los otros de forma tan artificial, ¿qué fue de llamar? ¿o de quedar con amigos?. Yo tengo un móvil antiguo, además de por estar en contra de estos nuevos medios de comunicación que los veo totalmente impersonales, porque hay veces que uno tiene que salir “corriendo” de según que situaciones y es mejor no llevar más que lo puesto).
Fue curioso descubrir que teníamos bastantes cosas en común, o que por lo menos sabíamos hablar y entender de qué hablaba el otro. Se nos pasaron las horas volando. Tanto que incluso se nos hizo de noche y tuvimos que despedirnos. Intercambiamos los teléfonos para poder quedar otro día. Cuando volví a mi apartamento y me duché recibí un sms suyo diciéndome
“ace mss q no scribia 1 sms y ya casi s m a olvidado cómo s acía. Pro m lo e pasado muy bn cntigo, t gustaría qdar mñn?
Vivo muy crca dl cntro, pueds vnir a mi casa si kieres”
Yo le contesté diciéndole que viniese a la mía que yo vivía en el centro y que estaría encantado de enseñarle la casa (como veis es bastante distinto a otras historias, ya que no suelo invitar a mi clientes a casa, además de puta no voy a poner la cama). Recibí otro sms diciéndome solamente “ok”. Y que vendría al día siguiente a las 20.00.
Me pasé nervioso todo el día desde que recibí su mensaje hasta que finalmente llegó. Cuando entró en mi casa y vio mi pequeña biblioteca y mis obras de arte se quedó tremendamente sorprendido de que un traductor en paro pudiese permitirse los lujos que yo me permitía (pude leérselo su cara), pero muy amablemente no dijo nada. Saqué una botella de chardonnay (que según me había dicho el día anterior era algo que le privaba). Y como buen tópico lo acompañé de un poco de queso brie y de unas uvas (muy francés y muy artificioso aunque sencillo a la vez). Y seguimos la conversación donde la habíamos dejado el día anterior.
El tiempo pasaba a una velocidad escalofriante, cuando miramos el reloj por primera vez ya habían pasado más de 3 horas y no nos habíamos dado cuenta. Había algo en él que me atraía, sólo pensaba en besarle, ya no prestaba atención a lo que me decía, contestaba por inercia, dejándome llevar, ¿qué estaba diciendo? ¿qué estaba pasando?... todo era una nube y de repente… sin previo aviso, ni señal de ningún tipo, al menos claramente reconocible… me besó.
Nuestros labios y nuestras lenguas continuaron lo que habían estado haciendo antes, pero esta vez juntas, unidas en un baile que parecía no acabar nunca. Alfredo empezó a besarme por el cuello, me abrazaba y acariciaba, y de subito pasó algo que me dejó totalmente descolocado… empezó a olerme. Aspiraba mi aroma, de forma suave pasaba, por mi cuerpo, lo que estaba a la vista (pues aún estaba vestido), su nariz para olerme. Se dio cuenta de mi sorpresa y me explicó que yo poseía un aroma especial, algo que le atraía y que no podía evitarlo. Yo no comprendía qué estaba pasando pero como creo que hay que hacer en esta vida, me dejé llevar.
Nuestra ropa empezó a volar por la habitación, y nuestros cuerpos se entrelazaban. Como ya había supuesto tenía un buen cuerpo, definido, no excesivamente marcado, y no depilado, pero tampoco exageradamente peludo, era perfecto.
Empezó a recorrer mi cuerpo con su nariz para absorber todos los distintos aromas que este poseía, y a cada nuevo que encontraba le entusiasmaba más que el anterior, se estaba volviendo loco de placer, y yo me moría por él. Y entonces en un hilo de voz, le pedí, aunque casi era más un ruego que me follase. Lo necesitaba, lo quería, lo deseaba. Y así lo hizo, me penetró fuerte y profundo... Me estremecía como lo hice la primera vez con Marcos. No sé qué me pasaba, me atraía él, y su atracción por mí, me resultaba increíble cómo alguien podía “alucinar” tanto con algo tan simple como el olor de alguien.
Todo parecía perfecto.
Y continuó siéndolo.
Alfredo, embriagado por mi perfume y por los olores que desprendía mi cuerpo me cubría de regalos: perfumes, jabones, desodorantes… todo tipo de plantas, y sales para la piel, estaba fascinado conmigo.
La relación con él era muy especial, teníamos sexo, claro, pero no era precisamente como con mis clientes, aunque tengo clientes fijos que sí que me hacen regalos y que están encantados conmigo, con Alfredo era distinto, en ningún momento le cobré, y por supuesto también le regalaba cosas (pocas porque estaba en “paro”, pero regalos caros que hacía aparentar baratos).
Nuestra “relación” continuó un tiempo, no sé exactamente cuánto, porque cuando estábamos juntos yo me quedaba prendado de su imagen y él de mi aroma, y el tiempo siempre parecía menos de lo que realmente era. Todas las semanas procurábamos vernos (era complicado decirle que no podía quedar, dado que se suponía que yo estaba en paro, así que tenía que inventarme excusas para no quedar con él). Hasta que un día, asaltado ya por la culpa y los remordimientos decidí contarle la verdad sobre mí.
Le confesé que era un prostituto, y que tenía relaciones sexuales con otros hombres por dinero. Su primera reacción fue clara, se levantó de la mesa (estábamos en una cafetería, sé cómo tratar estas cosas y es mejor hacerlo en público), y se dispuso a salir por la puerta. Pero justo en el momento en el que tenía que salir o quedarse, se dio la vuelta y vino, se sentó y me preguntó que por qué lo hacía, que por qué no vendía lo que tenía y me mantenía con eso.
Le conté toda la historia completa, que con él no había sido como un simple cliente que había más, que no había quedado con él simplemente por el sexo, que me divertía y me gustaba, que me sentía bien con él… Él me confesó que también se divertía conmigo, que le encantaba estar conmigo, y que nunca antes había sentido esa atracción tan fuerte por una persona y por su olor. Pero también me dijo que la confesión era demasiado fuerte para él, y que necesitaba tiempo. Se fue de la cafetería y me dejó allí.
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Hace un par de días hablé con él, de nuevo, me ha dicho que le encantaría verme de nuevo, que aún siente mi olor, y que necesita volver a sentirlo cerca. Me dijo que sentía como se había comportado y que esperaba que le perdonase.
6 comentarios:
que bonito el relato , esta vez no has incluido temas como el sexo esplicito sino otro enfoque donde se muestra mas los sentimientos , me a gustado , un abrazo
BUAAAH! como he disfrutado del relato, que cambio tan grande de las anteriores historias a esta, en las anteriores siempre acabo muy excitado, ahora estoy incluso expectante, me encantaría saber como termina, en que punto está alfredo, en que punto estas tú.... hasta que punto te excitaba que un hombre disfrutase contigo no por el sexo que le proporcionabas, sino por el olor que tienes, algo que por otro lado no controlas! es toda una historia como para darle dos vueltas.
También es muy interesante esta historia porque es la primera vez que nos planteas cuales son las reacciones de tu entorno no profesional frente a tu ocupación, y mas concretamente la reacción que tiene o ha tenido una persona con la que (al menos eso yo he sacado de conclusión) podría plantearse algo más que sexo.
Y ya la última pregunta... Serías capaz de dejarlo por el? o Sería el capaz de reprimir los prejucios y celos por ti?
A_G
Bueno, respondiendo a A_G:
-Dentro de este trabajo tienes que tener muy claro que para poder disfrutar con lo que haces no tienes que tomarlo como un propio trabajo, sino como un hobby, es por eso que cuando se me presenta una situación que me invita a dejarlo me causa tantos problemas, porque para mi esto no es un trabajo, es un hobby, es por lo que escribo sobre ello. ¿O un oficinista/funcionario escribiría sobre su trabajo? no, sencillamente porque eso sí que es un trabajo, y no un hobby.
Pero sí, si surgiese la situación claro que lo dejaría por amor, y ya me ha pasado varias veces, pero hay otro problema más grave, que trataré en la próxima historia.
- respecto a que un hombre disfrute contigo, y no me refiero a que le proporciones placer de forma consciente, sino que se pueda excitar con el mero hecho de olerte, es en último grado para lo que estoy. El sexo entra por la vista, eso es un hecho, lo curioso de esta historia que es además el olfato se ve implicado casi tanto o más que la vista.
Espero haber respondido a tus preguntas
Que bajón de respuesta, el tomo ha cambiado completamente del relato a tu respuesta! ahora lo has profesionalizado, ahora parece que has impostado la profesionalidad sobre tu propia vida, todo lo contrario a lo que me habia sugerido la entrada.
Me debió de sugerir mal.
A_G
querido A_G, el tono realmente no cambia, esta historia que he contado, es real, como todos los desengaños que he tenido ha sido dolorosa, pero no tienes que olvidar tema principal con el que está relacionado, mi profesión. Por eso la respuesta ha quedado profesionalizada, pero al contrario de lo que has podido pensar el poder hacer "vibrar" tanto a un hombre con mi simple aroma no es algo que utilice para mi profesión, es algo demasiado íntimo como para hacerlo. Es por eso que esta historia es distinta, es íntima, no profesional.
Bueno, como lector puede que saque unas conclusiones distintas a las que tu mismo esperabas que sacásemos cuando escribiste y compartiste esta historia.
A_G
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