domingo, 22 de abril de 2012

15. Tomad y bebed todos de él.

Hace poco tuve un cliente muy especial. Me llamó y me pidió mis servicios para perder su virginidad. Decía que tenía que ser un día en concreto y que no podía esperar. Así que quedé con él y fui hacia su domicilio. Me pidió la mayor de la discreciones, es más me pidió que llevase puesto pantalón y camisa negra.

Me vestí como me pidió el cliente y allí me presenté. Me abrió la puerta al primer timbrazo. Estaba vestido de escrupuloso negro y llevaba un alzacuellos muy blanco que resaltaba mucho más debido a su indumentaria. Se llamaba Nacho. Era un seminarista de unos 24 años, y me dijo que siempre había sentido ciertos deseos carnales y que quería desahogarse antes de hacer sus votos y de sentirse tentado a incumplirlos. Era la primera vez que me acostaba con alguien del cuerpo eclesiástico.

Nos sentamos en un sofá de su salón. Se notaba que estaba muy nervioso, le temblaban las manos. Así que lo que hice primero fue tranquilizarle, y decirle que no se preocupase que haríamos lo que él quisiese, y que se tenía que relajar. Dicho esto, le besé. Al principio en la mejilla y después en los labios. Él me dejó, hasta me metió tímidamente la lengua.

Empecé a acariciarle el pecho, estaba fuerte el santito. Empecé a desabrocharle los botones de la camisa mientras le acariciaba y le besaba. Él me iba dejando, incluso se quitó el mismo el alzacuellos. Empezaba a estar muy caliente y a relajarse. Acabó quitándose la camisa. Debajo llevaba una camiseta de tirantes blancas y una cruz de plata colgada del cuello. Se abalanzó sobre mi y empezó a besarme y a meterme mano, me desnudaba rápida y torpemente, se notaba que no estaba acostumbrado a desnudar a otro hombre. En seguida volaron por los aires mis pantalones, camisa y me quedé en calzoncillos.

Me zafé de sus manos y me arrodillé, para desabrocharle los pantalones y bajárselos, debajo de ellos llevaba unos calzoncillos short de cuadros, que marcaban claramente una fuerte erección. Le saqué la polla por el hueco para mear y empecé a chupársela. Nada más metérmela en la boca, empezó a gemir como un loco. Era la primera vez que se lo hacían y no estaba acostumbrado a que una lengua le lamiese el capullo. En seguida me pidió que parase o se correría. Obedecí y me puse de pie.

Yo también estaba empalmado por entonces y me bajó los calzoncillos de un tirón y se lanzó a chupármela, al principio torpemente, pero en seguida le indiqué como hacerlo y mejoró bastante. No lo hacía mal el chaval. Lamía desde la punta hasta la base, se entretenía un poco jugueteando con los huevos y volví a subir a la punta, metiéndoselo casi hasta el fondo de la garganta. Al principio le dejé hacer sin decir nada. Pero cuando pasó un rato le agarré la cabeza con las dos manos y empecé a follarle la boca. al principio puso un poco de resistencia, que en poco tiempo se volvió sumisión, para que no pudiese escapar me puse de pie sobre el sofá, con él sentado entre mis piernas un tanto flexionadas para que llegase a mi polla. Empecé, entonces, a bombearle y a follarle la garganta.

Cuando me cansé me bajé del sofá y le indiqué que se incorporase. Le bajé los calzoncillos y le hice ponerse mirando a la pared, de rodillas sobre el sofá. Yo me agaché y empecé a comerme el culo. Al principio con suaves lametones, y después poco a poco taladrando con la lengua. Sólo escuchaba como gemía, y me pedía más. Estaba dilatándose muy rápido, y a los pocos minutos podía meterle la polla sin el menor problema. Así que le dije que esperase un momento que iba a coger un condón de mi pantalón.

Él me lo impidió, dado que no creía en el uso de preservativo, porque el papa lo desaprobaba. Yo le dije que no era lo más sabido, dado mi trabajo y la cantidad de hombres con los que me acuesto, pero él me dijo que no le importaba. Que se lo hiciese a pelo. Me costó decidirme, así que lo hice. Se volvió a poner en la misma postura. Y yo me puse detrás de él. Empecé a hacer presión con mi capullo en su culo, y sin darme a penas cuenta mi polla entera entró en su culo. Como ya he dicho estaba muy abierto. Y no me costó nada de esfuerzo.

Lo agarré de la cadera y empecé a darle, él gemía y gemía a cada embiste mio sus suspiros eran más fuertes. La verdad es que yo también estaba disfrutando mucho de la experiencia. Empecé a bombearle más fuerte, a lo que respondió con una serie de llamamientos al señor “ohh dios” “ohh dios mio” “cielo santo”… cuando me cansé de tanto santo y dios. Le saqué la polla y me senté en el sofá. Le indiqué que se sentase encima de mi.

El obedeció al segundo, se sentó sobre mi polla y me agarró por el cuello. Empecé a follármelo, mirándole a los ojos. El me evitaba la mirada, le daba vergüenza, pero yo le sujeté la cabeza y le tapé la boca. sabía que en esa postura lo que sentía era mucho más intenso, porque mi polla se le estaba clavando completamente dentro de él. Me estaba poniendo super cachondo de ver cómo botaba la cruz que llevaba colgando del cuello, cada vez que le cueleaba. Pero notaba que él estaba aún más cachondo, tanto que poco tiempo vi como abría los ojos como platos, y echaba la cabeza hacia atrás a la vez que emitía un sonoro orgasmo y se corría sobre mi, sin haberle tocado.

Pero aún no habíamos terminado, le puse a 4 patas sobre el sofá, con la cara contra los cojines de los asientos. Y seguí follándomelo. Bien fuerte y duro. Él gemía sin parar. Se notaba que le gustaba porque enseguida recuperó una erección.

Yo estaba a punto de reventar, era una situación muy morbosa. Pero decidí hacerla más morbosa aún. Vi que tenía un espejo que cuerpo entero junto a una estantería en el salón, así que le hice ponerse de pie e ir hacia el espejo. Le apoyé ambas manos contra el cristal. Y se la volví a meter de un solo golpe. Mientras me lo follaba, él lo veía en el espejo, y yo le veía a él y a su cruz penduleante; le agarré la polla y empecé a pajearlo…

Sus suspiros y gemidos volvieron a hacerme cada vez más intensos. Así que decidí follármelo más fuerte para correrme antes que él. Y así fue. Me corrí dentro de él abundantemente, pero no se la saqué. Seguí con ella dentro, ahora solamente quería que la sintiese dentro de él. Mientras le pajeaba con una mano mientras que con la otra esperaba su corrida para recogerla. La espera no se alargó mucho, se corrí sobre mi mano con fuertes y potentes lechazos. Y un sonoro “Dios” que llenó la habitación.

Aún con mi polla dentro le hice lamerme la mano y tragarse toda su corrida. Lo hizo a la perfección, lamiéndome entre los dedos y metiéndose uno a uno todos en la boca.

Después le saqué la polla del culo, y me fui hacia el sofá para vestirme. Cuando estaba llegando me preguntó si podía volver a chupármela, que quería que me corriese mientras se la chupaba. Le dije que no tenía ningún problema y me senté en el sofá. Y él vino a gatas hacia a mí. Así, de rodillas, empezó a chupármela, tal y como había aprendido un rato antes. Tragándosela entera y pajeándome. Lamiéndome los huevos y masajeándomelos. Era una delicia. Cuando pasó un rato, empecé a pajearme mientras él me chupaba el capullo. En esa situación no tardé en correrme. Tengo que admitir que fue un poco cabrón porque no me corrí en su boca, en el último segundo se la saqué de la boca y me corrí en su cara, manchándole el pelo y pringándole entero.

Después de eso se limpió, nos dimos una ducha cada uno, me invitó a un café y me pagó. Me contó que quería hacerlo antes de ordenarse sacerdote definitivamente y abrazar el celibato por completo. Cuando nos acabamos el café, me despedí, me agradeció el polvo y fui.  

1 comentario:

Anónimo dijo...

anda , anda con los seminaristas eso si es gozar y disfrutar de nuestros hermanos jajajjajaj me alegro que telo pasaras bien , pero tubo que ser raro follarte a un futuro cura jajja pro bueno ya tienes una nueva acnedota que contar, un fuerte abrazo y como te digo siempre me encanta tus relatos , por cierto donde puedo ver una foto tuya