domingo, 29 de abril de 2012

16. ShA pUtItAh DeH VaLlEkAsH


Este fin de semana recibí la llamada de un cliente que me pedía ir a Vallecas. Fue muy claro en sus peticiones. Iba a ser para un trio, y tenía que llevar un riguroso código de vestimenta: chándal (daba igual el color), no podía llegar ni calcetines, ni calzoncillos y tampoco camiseta. El resto de mi indumentaria estaba compuesta por una gorra y una cadena de plata al cuello y una chaqueta con la que tapé la desnudez de mi torso. Quedé con ellos el sábado y llegué a la hora acordada a su domicilio.

Me abrió la puerta uno de ellos y entré. Me llevaron directamente al salón. La casa era la típica que podría salir en un reportaje de televisión cuando desmontan una red de tráfico de drogas. Había basura por el suelo, latas de cerveza por todas partes, colillas, cajas de pizza…

El que me abrió la puerta tomó asiento en un viejo sofá al lado de su compañero. Se presentaron como “el Jony” y “el Aitor”. El que me abrió la puerta fue el Aitor, llevaba una camiseta de tirantes negra y un pantalón de deporte corto, en sus manos llevaba un par de sellos de oro y del cuello le colgaba un cristo. El Jony por su parte llevaba sólo un pantalón de chándal blanco, sin camiseta  (lo cuál dejaba ver un pecho completamente depilado y con un tatuaje tribal sobre su pectoral derecho) y una gorra puesta hacia arriba. De su cuello colgaba un cordón de oro.

Estaban allí sentado fumando porros y bebiendo botellines de cerveza mientras me esperaban. Me invitaron a unirme a ellos, pero no a sentarme en el sofá, sino a ponerme de rodillas en el suelo. Por la pernera del pantalón el Aitor se sacó la polla y me ordenó que se la chupase. Tenía un buen pollón, un poco desviado a la izquierda, pero bien grande. Empecé a chupárselo y mientras lo hacía empezaron a decir que bajo ningún concepto se me ocurriese acercarme a ninguno de sus culos, que eran sagrados. Y que tampoco esperase que me la fuesen a chupar. Ellos no hacían esas mariconadas.

Mientras se la chupaba a uno, el otro empezó a sobarse el paquete y cuando la tuvo dura, se la sacó para que se la chupase también la de Jony no era tan grande como la del Aitor, pero tampoco eran ninguna tontería. Mientras lo hacía ellos seguían bebiendo, fumando y pajeándose.

Cuando se aburrieron de estar sentados se pusieron de pie y me acorralaron entre ambas pollas. Empecé a chupar a un lado y a otro, por turnos, indistintamente. Cuando me metía una polla en la boca el interesado me agarraba por el cuello y me la empujaba más y más dentro. El otro siempre se dedicaba a pajearse a pocos centímetros de mi cara y a darme golpecitos con la polla en la cara. De vez en cuando intentaban que se la chupase a ambos a la vez, pero era imposible, no me cabían las dos pollas.

En seguida ellos perdieron toda su ropa, pude ver como Aitor llevaba en su muslo izquierdo una letra china y debajo de su nalga una guirnalda de rosas y calaveras. Yo seguía llevando las deportivas y el pantalón del chándal, que ya no disimulaba mi erección. Estaban poniéndome cachondo.

Cuando consideraron que ya se las había chupado bastante, me hicieron ponerme de pie, me bajaron los pantalones de un tirón y de un golpe despejaron la mesa de café (llena hasta entonces de latas, cajas y un cenicero que desperdigó su contenido por todo el suelo) para que me pusiese a 4 patas encima. Mientras lo hacía, el Aitor se puso un condón y sin pensárselo dos veces me la metió de un caderazo hasta el fondo. Empezó a follarme mientras yo me quejaba, era bastante doloroso, me dolía el culo, pero él no paraba, me follaba agarrándome de la cadera para dirigir el movimiento de mi cuerpo, o de los hombros para hacer más fuerza al follarme. Jony, muy considerado, para acallar mis aullidos, vino y me metió la polla en la boca otra vez y empezó a follarme la garganta.

Pero yo no podía dejar de quejarme, me estaba destrozando el culo. Así que Aitor me la sacó me levantó y se sentó él sobre la mesa. Tiró de mi y me tumbó sobre sus piernas. Y empezó a azotarme mientras me decía “quéjate ahora puta, venga, quéjate ahora con razón”. Jony también se unió a los azotes. Ahora no me dolía el culo, me ardía. Además entre azote y azote iban intercalando algún escupitajo. Mientras lo hacían me metían en la boca una zapatilla sudada, no sabía de quién era.

Cuando mi culo estuvo lo bastante rojo para ellos, fue el turno de Jony, me la metió entera, también de un solo golpe y me empezó a follar bien fuerte. Lo único que cambió fue la postura, ahora estaba tumbado boca arriba. Con las piernas sujetadas por Aitor, que me iba metiendo la polla en la boca cuando doblaba un poco las rodillas. Empezaba a dolerme la polla… quería correrme.

Entonces sin previo aviso, Jony me sacó la polla del culo en medio de la follada. Y me hizo ponerme de pie. Me apoyó una pierna sobre la mesa y inclinó para que siguiese chupándosela a Aitor, que ahora que tenía las manos libres se había abierto una cerveza. Mientras se la chupaba a uno, el otro se agachó y empezó a comerme el culo. Fue bastante intenso, y me alivió el dolor que me habían dejado. Mientras Jony me lo comía Aitor empezó a soltar chorritos de cerveza sobre mi espalda, que Jony recogía y se tragaba. Así estuvimos un rato, hasta que Aitor se acabó la cerveza.

Entonces ambos se incorporaron y me hicieron ponerme en cuclillas entre ellos. Empecé a chupársela otra vez como al principio, alternando entre uno y otro, hasta que no pudieron más y empezaron a correrse sobre mi gorra y mi cara. Descargaron potentes chorros de lefa entre aullidos de placer. Cuando se corrieron yo también me pajeé y me corrí enseguida. Había estado durante todo el polvo sin tocarme y ya no podía más.

Cuando acabamos, aún cubierto de lefa me invitaron a una cerveza y me pagaron; después me permitieron darme una ducha antes de emprender el camino a casa. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola amigo asi que en vallecas en mi barrio , ya veo que teb tartaron muy bien aunque ultimamente veo que te toca gente guarra sin ninguntipo de higiene ten uidado haber que te pegan me ha gustado muchjotu relato yme ha excitado como siempre un furte abrazo y vente a verme cuando vengas a vallekas