Hola a todos otra vez, siento haber tardado tanto en escribir, pero es que ahora en verano uno tiene mucho trabajo, con la tontería de que son las vacaciones, pues todo el mundo está libre y necesitan “entretenerse”… En la anterior publicación me quedé en la pérdida de mi virginidad, y creo que para hoy debería contar la primera vez que alguien me pagó por acostarme con él.
Como ya conté, perdí la virginidad relativamente tarde (dado que mi entorno ya la había perdido antes de entrar en la universidad) con un amigo. Entre nosotros todo siguió igual, como también dije. Mi vida en la universidad iba pasando poco a poco, iba aprobando asignaturas, conociendo gente, viajando, aprendiendo cosas nuevas, acostándome con gente nueva también… lo normal, vamos.
Sólo había una cosa que se me había resistido, acostarme con un hombre más mayor que yo. Y cuando me refiero a hombre no me refiero a un hombre de 28-29, sino a uno de 40-50… (fantasías que tenía uno entonces, qué quereis que os diga).
Cómo es lógico que penséis es algo fácil de resolver, te metes en internet y voila, puedes elegir de todos los tipos que quieras, y cuando reuní el valor necesario (algo que yo creo que todos hacemos cuando nos enfrentamos a algo nuevo o que no hemos probado, ya sea comerse una alcachofa o tirarte en paraicadas, lo nuevo siempre nos resulta extraño y nos impone).
Bueno, el elegido para esta ocasión fue un hombre de 45 tacos, uno detrás de otro. Al que llamaremos Pedro. En sus fotos de perfil aparecía trajeado, y las de cuerpo, mostraban a un hombre musculoso, con un par de tatuajes no demasiado llamativos, que quedaban perfectamente disimulados con la camisa y la chaqueta.
Pedro vivía en el norte de Madrid, en la zona de la Moraleja, en una casa de estas de revista: un jardín enorme con piscina, enormes cristaleras, todo tipo de habitaciones, gimnasio con piscina cubierta, zona de servicio… un palacio casi. Cuando yo aparecí allí (llegué con un taxi que me había pagado Pedro) con mis pantalones vaqueros rotos, una camisa de franela de cuadros, recuerdo que lo primero que pensé fue “¿qué cojones hago aquí?, ¿dónde me he metido?”. Llamé al timbre y me abrió la puerta un mayordomo que me condujo directamente a un salón y me preguntó si quería tomar algo. Yo estaba tan alucinado que le pedí un vaso de agua, que me trajo casi instantáneamente.
Al poco apareció Pedro (con el tiempo me he acostumbrado a estas entradas efectistas que se utilizan algunos para darse importancia. Personalmente me parecen innecesarias, pero a veces son divertidas, sobre todo cuando quien hace la entrada lo hace vestido de manera estrafalaria, como por ejemplo con una bata de seda, fumando en pipa o algo de eso… hay gente que se cree un Dandy sacado de A Rebours), lo hizo llevando una camisa de lino blanca y unos pantalones de vestir negros. La camisa sugería su cuerpo escultural, cuyos músculos se marcaban con cada movimiento. Nada más verme se quedó extrañado de que estuviese bebiendo un simple vaso de agua, y rápidamente sacó una botella de cava (que más tarde me contó que provenía de una bodega propia del norte de Barcelona).
Estuvimos un rato charlando de temas triviales, y un poco de actualidad, lo que viene a ser normal vamos. Al rato me invitó a dar una vuelta por la casa para enseñármela (aquí fue cuando descubrí todo lo que escondía Pedro en esta “humilde” morada). Acabamos en la piscina cubierta, que daba al jardín a través de una enorme cristalera, y me invitó a bañarme. Yo le dije que no tenía bañador y que no podía bañarme. Me miró, desnudó por completo y saltó al agua. Cuando vi esta escena ante mi, no podía dejar de alucinar, entre el sitio, el cuerpo de mi anfitrión y la situación, me pareció todo completamente alucinante. Una vez más, Pedro me invitó a bañarme, y esta vez sí que empecé a desnudarme, aunque no tan rápido como él, ya que se veía que para él era algo normal, pero a mi me había dejado tan impresionado que estaba completamente empalmado. Por lo que me tocó disimular con mi tardanza por si bajaba el tema, pero no había forma.
Al ver que tardaba, Pedro salió del agua, vino hacia mi y me dijo que no me preocupase, que ya me desnudaba él. Yo me puse más nervioso cuando noté sus manos fuertes y húmedas sobre mi cuerpo y mucho más cuando empezó a desabrocharme el cinturón y bajarme el pantalón. Obviamente vio mi erección y sonrió mientras decía –vaya vaya, ¿ya estás preparado?, esto es lo que más me gusta de los jóvenes- yo estaba rojo como un tomate, pero no tuve tiempo para reaccionar porque me sujetó la cabeza y empezó a besarme.
Después de eso, os podéis imaginar cómo fue el resto, me encontré con un hombre experimentado y sin tapujos en la cama. Cuando digo tapujos, en este caso no me refiero a perversiones más o menos extrañas, sino que rehusaba las etiquetas, para él alguien en la cama no podía limitarse a ser únicamente activo o pasivo, sino que me invitó a intercambiar roles, lo cual para mi estaba totalmente fuera de lo común. Yo me había acostado con hombre siendo activo o pasivo, pero siempre siendo uno de los papeles, no intercambiándolos.
Fue un gran polvo, él tenía un pene perfecto, largo, rosado y grueso. Consiguió penetrarme sin ningún tipo de esfuerzo, ya que me había dilatado perfectamente con el uso de su lengua y sus fuertes dedos… y cuando me dijo que se la metiese yo, tampoco me costó ningún esfuerzo ya que él solo se había dilatado. Tenía un culo duro, como una sandía… cada vez que me acuerdo… puff
Cuando acabamos me invitó a otra copa de vino y me preguntó a qué hora me gustaría irme para tener al taxi preparado para que me volviese a llevar a donde yo quisiese. Estuvimos un par de horas hablando y cuando vi oportuno me dije que avisase al taxi para volver a mi casa. Estaba cansado y no pretendía quedarme a dormir en la casa de alguien que acababa de conocer. Así que me vestí y cuando llegó, cogí el taxi. Cuando me monté, noté algo raro en uno de los bolsillos traseros de mis pantalones, metí la mano y era un sobre. Mi extrañeza se convirtió en sorpresa cuando lo abrí y encontré un nota junto con 200 €. La nota era la siguiente:
Diego, espero que no te sientas ofendido por este dinero, es un regalo que hago a los chicos con los que me he divertido y he estado a gusto. No te lo tomes como un pago por tu compañía, sino como el dinero de una cena que no hemos tomado.
Espero que tú también hayas disfrutado de nuestro encuentro. Me encantaría que se repitiese este encuentro.
Un cordial Saludo
P.
Yo no era capaz de reaccionar, mi último encuentro sexual me había pagado el taxi de ida y vuelta a su casa, una casa espectacular, habíamos echado un polvazo y encima me daba 200 €. En esos momentos sólo pensaba “coño, hoy es mi día de suerte”. Pero poco a poco se fue abriendo en mi mente una nueva imagen “y si este se ha pensado que soy un puto”. Y al final fue esta la que se quedó. Al día siguiente le llamé varias veces y cuando conseguí hablar con él le pregunté qué es lo que significaba ese dinero, a lo que me respondió –ya te dije que no ofendieses, es solamente un regalo. No tienes que sentirte molesto, considéralo una ayuda que te doy por lo bien que me lo he pasado contigo para pagarte algún capricho- y con las mismas me despidió y colgó.
Y ahí estaba yo, un mocoso que se había tirado a un madurito y que este le había dado 200 eurazos a cambio. Como es lógico no me dediqué a la prostitución nada más recibir este sobre, pasó un poco más de tiempo hasta que lo hice profesionalmente o por lo menos tuve la intención de hacerlo.
Bueno, un placer que me leáis como siempre, a ver si la próxima publicación no tardo tanto en hacerla, y ya cuento algo más actual, y no de hace 6 años... que acaba siendo un verdadero coñazo recordar cada detalle... espero que estéis pasando unas buenas vacaciones
1 comentario:
hola amigo es verdad no se por que hay una etapa que deseamos acostarnos con hobres mas mayores que nosotros , tubo que ser raro cobrar y a la vez pregunatar , hago bien , vendo mi cuerpo ,etc... sabes repito me pareces valiente el poder saltar esas barreras y limites que nos imponen y poder hacer lo que queramos.
Publicar un comentario