Hace un tiempo uno de vosotros, mis lectores, me mandó un privado por Twitter al que voy a responder ahora mismo. Este decía algo así como “parece que solamente te acuestas con tios buenos, todo el mundo parece perfecto en tus relatos”. Bueno, pues la verdad es que no es así, pero como comprenderéis, internet, como todo en este mundo, se trata de vender, y es complicado venderte, aunque sea lo que publicas si no das algo de “carne”. Por eso mis primeras historias han sido así, con tios buenos, porque ayuda a atraer lectores, pero en realidad en mi trabajo, como es lógico que penséis encuentras bastantes más tipos de personas.
Uno de estos tipos me lleva exactamente al más obvio y que mucha gente de mi entorno alguna vez me ha preguntado por ello. -¿pero Diego, qué haces si aparece un tío viejo, o gordo, que no te pone? ¿Cómo eres capaz de tirártelo si no te atrae?-.
Para empezar es mi trabajo, el trabajo de prostituto parece muy sencillo pero toca bastantes materias, me gusta sentirme como un humanista del siglo XXI, pero claro, ahora no es necesario dedicarme a las matemáticas, o estudiar latín, simplemente soy un humano que se dedica a los humanos. Y el tema del placer está íntimamente ligado con la imaginación. Una puta hace creer que una ficción es real; es decir, su trabajo es hacer que el cliente crea, por un momento, que lo que quiere creer es verdad. (como bien afirmaba Satine (Nicole Kidman) en la película Moulin Rouge).
Y además de alimentar la imaginación de otro, hay que alimentar la imaginación de uno, ¿a caso no os habéis imaginado de pequeños que la verdura era algo distinto para comerla? Pues esto es lo mismo.
La historia que quiero contaros hoy habla de dos hombres. Estos se pusieron en contacto conmigo para realizar una sesión especial en su casa. La sesión no sería un menage à trois, sino que sería un cuarteto, nos acompañaría otro prostituto (no es la primera vez que trabajo con alguno de mis colegas, y siempre es útil hacerlo, ya que siempre es bueno “coger” trucos o inspiraciones de otros). A mi me pareció bien, pero me dijeron que no querían contarme nada, para que todo resultase más natural.
Así pues después de organizar la cita, el día indicado me presenté en el domicilio de mis clientes. Vestido tal y como me habían pedido, un traje negros de chaqueta, corbata, camisa y zapatos, tenía que aparentar ser un perfecto ejecutivo (no era precisamente difícil). Entré en la casa y me sirvieron un café mientras esperábamos a que llegase mi “colega”.
Este tiempo me sirvió para ir analizando a mis clientes. Eran dos hombres de avanzada edad, unos 50-60 años. Uno de ellos era completamente calvo, mientras que el otro tenía el pelo blanco y usaba gafas. De aspecto eran como los típicos abuelitos (a mi me recordaban a los mios) chaquetilla y jersey de Lacoste de los que pican, pantalones por la cintura, olor de colonia fuerte... el calvo mostraba que se había pegado una buena vida, tenía una barriga bastante pronunciada, mientras que el otro destacaba más por su delgadez y altura.
Mi compañero no tardó más de 20 minutos en llegar y según entró por la puerta me fijé en qué era lo que buscaban estos dos. En parte me hizo gracia y mi mente se fue directamente a las sentencias “Tempus fugit” y “Carpe Diem”. Dos hombres maduros y caducos, buscaba ver y probar la juventud, otra vez. Mi compañero era un chico joven, no pasaría de los 23 (tampoco pregunté), rubio, ojos azules y piel clara, vestido de zara, con un traje gris, corbata fina gris y camisa negra.
Nos presentaron (mi compañero se llamaba Carlos) y nos pidieron que les acompañásemos a otra sala, mucho mejor "acondicionada" creo que fueron sus palabras.
La sala parecía un estudio fotográfico, tenía una serie de focos, que alumbraban un par de camillas a la perfección. En frente de las camillas había una cámara de video para grabar la sesión (esto es normal, muchas personas que recurren a los trabajos de profesionales graban las sesiones como recuerdo, ya que muchas veces sólo lo hacen una vez en su vida). Tanto mi compañero como yo nos situamos delante de las camillas. Empezaron a grabar y se acercaron a nosotros.
Primero fueron a por Carlos, empezaron a besarle y acariciarle el cuerpo, y empezaron a desnudarle con toda la suavidad y delicadeza que les permitía la excitación. Cuando estuvo completamente desnudo fue mi turno. Vinieron hacia mi y mientras uno me besaba, el otro me quitaba la chaqueta e iba desabrochándome los botones de la camisa. Luego cambiaron posiciones y el que me besaba se agachó para quitarme los zapatos y los calcetines. Cuando lo hubo hecho, se incorporó y entre ambos me bajaron la bragueta del pantalón y lo dejaron caer al suelo. Empezaron entonces a acariciarme el paquete y me bajaron los bóxers deleitándose en cada centímetro de mi cuerpo que les quedaba por descubrir.
Cuando ya estábamos ambos desnudos, cada uno se fue con uno, el calvo se quedó conmigo. Se metió el dedo índice en la boca y empezó a acariciarme el pene con él, desde la punta a los testículos, jugando con ellos en su mano. Hasta que consiguió que le regalase una hermosa erección. En ese momento me pidió que me sentase en la camilla, la cuál levantó y quedó como un sillón rectangular, de debajo del sillón sacó unos apoyos para los pies y me pidió que los pusiese. En la postura en la que estaba le dejaba vía libre a mi culo y a mi polla. Sacó unas correas con las que me sujetó las piernas y se sentó entre mis piernas. Miré a Carlos y estaba en la misma postura que yo.
Mientras miraba a Carlos, el calvo empezó a lamerme el agujero del culo, con profundas y lentas lamidas, para que me fuese dilatando bien. Cuando se aburrió, empezó a meterme los dedos, al principio uno, después dos… y de repente paró de golpe, ambos hombres se levantaron y fueron a un armario, y volvieron cada uno con una caja, la pusieron en el suelo y la abrieron. De ellas sacaron un bote de lubricante, que empezaron a ponernos en el culo. En seguida sacaron de la caja un plug al que también lubricaron y empezaron a ejercer presión en nuestros culos, hasta que cedieron y absorvieron el juguete.
Cuando estábamos los dos con el plug dentro se volvieron a levantar y empezaron a masturbarnos. Al principio suave, y cada vez más y más rápido. Hasta que entre sonoros gemidos escuché como Carlos se corría y yo hice lo propio y también me corrí.
Nos sacaron los plugs, y nos limpiaron con mucho mimo y cuidado. Después nos vistieron y nos pagaron la cantidad acordada. Y nos despedimos.
Carlos me pidió mi número de teléfono por si alguna vez necesitaba a alguien de confianza para algún trabajo (curioso que me lo pidiese porque no había cruzado palabra con él).
Bueno, espero que os guste el relato, y siento haber estado tanto tiempo sin publicar nada, pero hay veces en las que uno está demasiado liado hasta para escribir la lista de la compra. En fin, lo siento y espero poder volver a escribiros pronto.
Un beso
D.Lionfleur
1 comentario:
HOLA AMIGO , ESPERO QUE DISFRUTARAS DE LAS FIESTAS EN FAMILIA Y AMIGOS , YO SI LO PASE ASI Y DISFRUTE MUCHO , TENIA GANAS DE LEER UN RELATO SI TE SOY SINCERO, ME HA SORPRENDIDO Y GUSTADO EL RELATO , NO SABIA QUE ENTRE COMPAÑEROS OS APOYAIS O APRENDEIS TRUCOS , CADA VEZ QUE LEO UN RELATO ME PREGUNTO COMO TE SIENTES TU TRAS ESOS SERVICIOS , SUPONGO QUE PARA TI SERA YA NORMAL HACER ESOS SERVICIOS Y CLARO SALIR TAN CUAL O NORMAL , TAMBIEN ME ALEGRA QUE COMO PUTA ME ALEGRA SABER QUE ACEPTAS A CUALQUIER FISICO O CONDICION EN TUS SERVICIOS , ESPERO QUE ESTES BIEN Y LEER PRONTO OTRO RELATO
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